Cuando ser ciego y sordo no es minusvalía total

  • Una mujer denuncia que su hijo, que no puede ver ni oír, no ha obtenido el mayor grado de dependencia en la nueva ley

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Cierre los ojos. Tápese los oídos con las manos. Luego, intente manejarse por sí mismo: coma, dúchese, use su ordenador. O pregúntele algo a un familiar y entienda la respuesta. ¿Difícil? Pues es la situación en la que José María Pendón, de 28 años, lleva la mitad de su vida. Sordo de nacimiento y ciego a partir de los 14 años, este malagueño necesita alguien con él "las 24 horas del día", según su madre, Dolores Lozano. Pero no según la Junta de Andalucía. Un técnico valoró su situación y estimó que es una situación de "gran dependencia" con 89 puntos. Pero el máximo reconocimiento, y la mayor ayuda económica y personal, se da a partir de 90 puntos.

Ahora esta mujer, de 65 años, realizará un recurso ante la Delegación Provincial de Asuntos Sociales, para lo que tiene un plazo de un mes. "Es que no estoy de acuerdo con lo que nos han dicho. Él tiene un certificado que le reconoce un cien por cien de minusvalía, pero no nos dan la mayor ayuda", apunta Dolores. Y si la Junta no corrige la decisión, se plantea llegar hasta los tribunales.

La delegada de Asuntos Sociales, Amparo Bilbao, animó ayer a la mujer a recurrir su caso ante la Delegación "como es su derecho". "Cuando conozcamos el tema con los detalles podremos darle respuesta, pero si no nos lo comunica es imposible", añadió Bilbao, que reconoció que hay 11.000 personas valoradas ya y que todas tienen en sus manos la posibilidad de recurrir la decisión de los técnicos.

Mientras, José María, ha recibido la noticia de su valoración como un mazazo. Se planteaba, por fin, poder salir sin su madre, poder ir a la playa, salir con algunos amigos. Y su situación personal se ha visto agravada. "Dice que vaya mala suerte que ha tenido. Que está muy triste. Que le gustaría dejar de comer para morirse", cuenta su madre.

Ella es su auténtica sombra. El técnico le preguntó si se duchaba solo, si comía solo y él dijo que sí; pero claro, él es capaz de llevarse la cuchara a la boca, o de bañarse si le dejas puesto todo en un sitio concreto y se lo comunicas todo", explica Dolores. Ella se entiende con él a través del lenguaje de signos que ha ido aprendiendo. Le coge las manos y le muestra lo que quiere decirle. El tacto, para ellos, lo es todo.

Los que conocen a la familia y han trabajado con ellos aseguran que son dos luchadores. Que desde que José María perdió la vista no han dejado de colaborar con la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) ni de participar en sus programas "y poner todo de su parte" para mejorar su situación, según fuentes de la entidad.

Las cuantías máximas de las prestaciones mensuales que establece la Ley de Dependencia son de 585 para gran dependiente de nivel 1 para ayudas vinculadas al servicio; 390 para cuidados en el entorno familiar y 585 para asistencia personal. Sin embargo, para los grandes dependientes de nivel 2, como quiere Dolores que reconozcan a su hijo, se establecen 780 euros para ayudas vinculadas al servicio; 487 para cuidados en el entorno familiar y 780 para asistencia personal. Además, mientras que para el de nivel 2 la ayuda a domicilio es de entre 70 y 90 horas mensuales, para el siguiente nivel se reduce a entre 55 y 70 horas.

Y, mientras, ella vive con los 400 horas de la paga no contributiva que tiene su hijo por su minusvalía. Su marido, del que está en trámites de separación, no le ayuda.

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