La crisis dispara las derivaciones a Salud Mental por depresión y ansiedad

  • Médicos coinciden en que el paro, las dificultades económicas o la sobrecarga laboral por los recortes pasan cada vez más factura Hay más cuadros de insomnio y trastornos adaptativos

Una mujer angustiada porque tras más de 20 años de trabajo su empresa había quebrado, un empleado sobre el que pesa un expediente de regulación temporal de empleo y no sabía como podría afrontar su hipoteca con un recorte en sus ingresos y una pensionista a la que no le llega la jubilación para ayudar a sus tres hijos en paro. Tres historias que un profesional recordaba de los últimos días en su consulta. Lo llamativo es que no se trata de la consulta de un trabajador social, sino de un médico de familia de la capital. Estos profesionales alertan que ha aumentado la afluencia a los centros de salud por cuadros de ansiedad y depresión derivados de la crisis y que se han incrementado las derivaciones de los casos más graves desde Atención Primaria a los equipos de Salud Mental.

"Porque no solo son los problemas económicos sino los conflictos familiares que, a veces, acarrean. Hay personas que no ven salida y pueden darse situaciones graves", relataba ayer un médico de cabecera. Ya en los primeros años de la crisis -en torno a 2009-, los centros de salud detectaron el aumento de cuadros de depresión y ansiedad. La mayoría de estos casos se tratan en Atención Primaria. Pero los facultativos aseguran que los cuadros más severos están llegando ya a un segundo escalón: los equipos de Salud Mental de distrito donde son atendidos por especialistas.

Un psiquiatra lo confirmaba. "Sí, hay muchas más derivaciones". El profesional -tras denunciar que con menos sanitarios debido a los recortes tienen que atender más demanda- explicaba que en los cuadros clínicos no solo influyen los problemas económicos, sino hasta el hacinamiento. "Cuando debido al paro tres generaciones tienen que compartir una misma vivienda se generan tensiones", explicaba.

Irritabilidad, trastornos adaptativos, insomnio, nerviosismo, tristeza, angustia, somatizaciones o desmotivación son algunas de las manifestaciones que sufren estos pacientes. La situación se agrava, según los profesionales, porque debido a que la crisis se prolonga por quinto año, ya muchos parados han agotado la prestación por desempleo e incluso todas las ayudas.

Otro facultativo relató dos situaciones. El miércoles atendió a un treintañero con un cuadro depresivo. El joven lleva tres años en paro. Hasta ahora nunca había pedido ayuda a su médico. "Lo encontré bastante mal, con una depresión severa y su problema era claramente económico", explicó. Luego desgranaba otros casos, que demuestran que el perfil de estos pacientes es muy variable. "También están los mayores. Personas con tratamiento para la diabetes o la hipertensión que te dicen que no le pongas la medicación en la receta electrónica porque no pueden comprarla. Tienen pensiones pequeñas, quieren ayudar a sus hijos y no les llega", añadía. La petición, explicaba, es para no pasar en la farmacia la vergüenza de no poder retirar los fármacos. El facultativo aclaraba que en esos casos, les prescribe el tratamiento y los deriva a la trabajadora social. Un psiquiatra confirmaba que también ellos derivan pacientes a los trabajadores sociales o a los Servicios Sociales Comunitarios. Desde hace ya un par de años, el Colegio de Farmacéuticos de Málaga también viene denunciando que cada vez hay más pacientes que no se llevan parte de los fármacos prescritos por su médico porque no tienen dinero para pagarlos.

Los facultativos apuntan que incluso hay personas con empleo afectadas por ansiedad o trastornos adaptativos ya que tienen que sacar adelante el mismo trabajo con menos recursos. Un médico recordaba que el miércoles llegó a su consulta un hombre que está pendiente de que en su empresa se aplique un ERTE. "Paga 1.000 euros de hipoteca y vive con 500. No sabe qué va a hacer cuando llegue el ERTE", contaba. Y luego comentaba que ayer a una mujer mayor había tenido que subirle la dosis de ansiolíticos. Su angustia eran sus hijos, desempleados. Dice que le dijo: "Llega la Navidad y mi pensión no me alcanza para ayudarles más".

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