"Estuve un día y medio sin saber si mi marido vivía o no"

  • Silvia Polenta y José Ramón Rodríguez formaban parte de un grupo musical del 'Costa Concordia' · El matrimonio no se plantea abandonar su trabajo en los cruceros

Silvia Polenta lleva una chapa con su nombre en el bolso, mientras que su marido, José Ramón Rodríguez, la lleva en la solapa. Estas pequeñas chapas son el único documento con el que pueden acreditar sus nombres, ya que han perdido toda su documentación en el naufragio del crucero Costa Concordia frente a la costa italiana. Este matrimonio malagueño junto a Mila Cano y Ángel Holgado conforman la orquesta Pasarela Cuatro, un grupo musical que formaba parte de la tripulación del Costa Concordia, donde llevaban embarcados apenas un mes y medio. "Llevamos dos años tocando en cruceros. Teníamos un contrato tres meses y medio en el Concordia", explica Silvia. Allí mantenían una serie de rutinas, pues realizaban excursiones o entrenaban en el gimnasio, aunque cada noche actuaban durante cuatro horas en una sala.

Todo iba bien hasta que el pasado viernes el Concordia chocó contra unas rocas frente a la isla italiana de Giglio. Silvia rememora ese momento con inquietud, ya que explica que se encontraba en el bar de tripulación de la planta cero. "Sentimos como algo rozaba, un sonido fuerte y de pronto un desequilibrio. Yo estaba jugando a un juego de marcianitos sentada y comencé a caer hacia delante. Pregunté al relaciones públicas español si eso era normal y me dijo que no. En ese momento me asusté mucho", afirma Silvia.

José y Ángel decidieron subir a la planta cinco, donde tocaban habitualmente, para comprobar cómo estaban sus instrumentos. Mientras Silvia y Mila fueron a por sus chalecos salvavidas, aunque decidieron coger también algo de ropa de abrigo como precaución. "De repente comencé a ver a los oficiales por las escaleras muy nerviosos. Sólo decían "vía de agua, vía de agua", y así supe que no era sólo un problema eléctrico. El capitán decía que era un problema con un generador y que siguiésemos con nuestra actividad", recuerda Silvia, al tiempo que indica que decidieron bajar a la cubierta tres.

Cuando sonó la señal de alarma, los cuatro tuvieron que separarse, pues, según les habían indicado en un curso de preparación, cada uno tenía un punto de encuentro. Silvia fue a la parte más baja y comenzó a evacuar pasajeros, mientras que José tuvo que ir a la proa, zona que finalmente quedó elevada al encallar la embarcación. "Por mi lado salieron 12 lanchas llenas, con 150 personas cada una, que hicieron tres viajes, el tercero con miembros de la tripulación. Los oficiales eran los que conducían las barcas", afirma Silvia. Finalmente llegó a la costa pasada la medianoche, aunque José tuvo que salir del barco en helicóptero.

"Yo salí a las 3:40. En la proa nos quedamos siete personas que fuimos evacuadas por un helicóptero militar. Bajar era muy peligroso, era como bajar por una pared de 30 metros. Realmente se pasa mal", relata José, que fue trasladado a un hospital de la base aérea de la Toscana. "Estuve un día y medio sin saber si mi marido estaba vivo o no, porque nadie lo había visto. Pregunté a los oficiales cuando llegue a la costa, a mis compañeros, y nadie sabía nada", explica Silvia.

A pesar de la terrible situación vivida no se plantean abandonar su trabajo en los cruceros. De hecho, no dudaron en mostrar su agradecimiento a la empresa Costa Cruceros por el trato recibido después del naufragio, al detallar que se ocuparon de ellos en todo momento. Eso sí, tienen claro que el accidente sucedió por una negligencia del capitán.

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