Lo que duele un hijo... en la empresa

  • Sólo un 20% de las compañías familiares sobreviven al paso de la primera a la segunda generación · La UMA posee una cátedra especializada

Un caso real pero con nombres ficticios. Tras 40 años dirigiendo una fábrica de material de iluminación, Manuel Font cree que ha llegado el momento de ceder la empresa a sus hijos. Tras hablarlo con su esposa, piensa que el testigo debe recogerlo su hijo mayor porque éste siempre lo ha acompañado en la empresa. Está convencido de que no tiene la capacidad suficiente para hacerlo bien, pero teme defraudar a su primogénito. Lo que no sabe Manuel es que su hijo prefiere hacer otras cosas en la vida, pero no quiere decírselo a su padre también para no defraudarlo. Entre medio hay otros dos hermanos, uno que está perfectamente cualificado para dirigir la compañía porque se ha formado en cursos especializados, pero que la mayor parte del tiempo ha estado en el extranjero, y otra que nunca ha trabajado en la firma familiar. Y a eso hay que sumarle cuñados, cuñadas, primos, sobrinos, etcétera que quieren medrar en la compañía y en los que se despiertan todo tipo de celos y envidias.

Parece un culebrón pero es el día a día de numerosas empresas familiares. Con la diferencia de que el final no suele ser feliz. Francisca Parra, directora de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de Málaga (UMA), asegura que "el 80 por ciento de las compañías familiares en Andalucía y España no son capaces de dar el salto de la primera a la segunda generación". Dicho de otra forma, sólo el 20 por ciento de las empresas consigue sobrevivir al traspaso de poderes de padres a hijos, una cantidad que se reduce al 10 por ciento cuando se traspasa de segunda a tercera generación.

La clave es tener todo, como se suele decir, bien atado. Los expertos abogan porque todos los miembros de una familia dialoguen entre sí y se llegue a un acuerdo en función de la potencialidad y del grado de compromiso de cada miembro, plasmando el acuerdo al que se llegue en un protocolo por escrito que todas las partes deben respetar. Lo difícil es precisamente eso, que todos los familiares estén conformes. La Junta de Andalucía, según Parra, financia con 18.000 euros la creación de esos protocolos, tanto si se hace en el interior de la empresa como si se pide apoyo a asesores externos.

La sucesión en la empresa familiar, dados los datos, es un tema que preocupa bastante a los empresarios, principalmente a los fundadores que ven cómo se puede hundir su trabajo de décadas en apenas unos años. De hecho, medio centenar de empresarios malagueños abarrotaron ayer por la tarde la sala de juntas del Rectorado para asistir a un curso especializado organizado por la UMA, el Instituto de Empresa Familiar, la Asociación Andaluza de la Empresa Familiar, la Fundación Nexia y Santander Central Hispano.

A esto hay que sumarle que la UMA imparte una asignatura de libre configuración de Dirección y Marketing en la Empresa Familiar y en octubre se prevé iniciar un máster. Por apoyo que no quede.

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