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Tres generaciones de mujer a mujer

  • Una abuela, su hija y la nieta describen en una conversación los cambios que ha experimentado la sociedad en los últimos y las barreras que aún deben derribar

Tres generaciones de mujer a mujer Tres generaciones de mujer a mujer

Tres generaciones de mujer a mujer / C. F.

Dice que tiene los ojos ya demasiado arrugados, pero es que en 86 años Carmen Fernández-Gallego ha visto mucho. Ha presenciado cómo sus tres hijas han estudiado en igualdad de condiciones con sus otros tres varones, cómo se han desarrollado profesionalmente y cómo sus nietas se han formado para ser mujeres fuertes e independientes. Ahora pueden tener cuentas bancarias a su nombre, ir solas a un hotel, abrir un negocio y, por supuesto, votar. No como en sus tiempos de niñez, allá por los años 30, con una guerra y una dictadura esperando tras la puerta, con un machismo exacerbado y unas férreas enseñanzas morales que situaban a la mujer bajo el poder del hombre.

Cuenta Carmen que su marido jamás cambió un pañal, que nunca se encargó del cuidado de sus seis hijos. Ella, que estudió en el colegio La Goleta y que trabajó en Calzados Orga desde los 16 años, abandonó su vida laboral para dedicarse a la familia. "Antes se dejaba de trabajar al casarse", dice. Siempre tuvo deseos de ser madre, pero reconoce que pocas opciones había en la sociedad que le tocó vivir. La maternidad era un tema incuestionable para una mujer. Él, que también empezó como dependiente de la zapatería, empezó a fabricar sus propios calzados y surtía a las tiendas. "Así se ganó las habichuelas", comenta Carmen y explica que siempre el dinero estuvo a nombre de su marido aunque ella fuese la administradora de la casa.

En las tareas domésticas era la hija mayor, principalmente, la que ayudaba a su madre. " Mis hijos no hacían cosas de la casa", afirma Carmen. Era, como apunta, lo normal en su entorno. La cuestión cambiaba en el terreno de los estudios. "En casa nunca ha habido diferencias entre los hermanos varones y las mujeres en el terreno de los estudios, todos pudimos hacer una carrera o unos estudios, lo que cada uno quiso, no hubo freno, mi padre siempre quiso que estudiáramos", señala Magdalena Cuevas. Ella es enfermera. Cuando sus hijas fueron un poco más mayores siguió estudiando, terminó un máster, defendió su tesis doctoral y ahora, además de seguir con la enfermería, la compagina con otra de sus pasiones, la docencia. Es profesora asociada de la Universidad de Málaga. Entre sus hermanos hay un médico, una profesora de inglés, un licenciado en Derecho, una periodista y un artista.

Su hija mayor, Elena Esacamilla, es profesora interina de Lengua y Literatura. Se casa en unos meses y jamás ha pasado por su cabeza dejar las clases cuando su estado civil cambie. "Además gano más del doble que él, cómo lo voy a dejar, que lo deje él", comenta. "Me parece surrealista que en la época de mi abuela una mujer no pudiese hacer cosas por una cuestión de género, que esto no pasase hace 200 años, sino hace tan poco tiempo", subraya Elena. Sin embargo, destaca que "hay algo que me afecta todos los días y sigue siendo igual que siempre, las tareas domésticas. La casa sigue siendo mía, yo soy la que tiro del carro y me indigna, en esta época me parece increíble tener que seguir así".

Magdalena, madre de dos hijas, siempre ha tenido clarísimo que lo mismo que quiso para ella -una formación que le permitiese un futuro más libre- era lo que iba a inculcar en sus hijas. Por eso, "en mi familia no hubo otra opción que estudiar", comenta Elena, que tiene 29 años y que puede plantearse libremente si quiere tener hijos o no. "Voy a cumplir los 30 y todo el mundo me acosa con lo de ser madre, pero estoy viendo el mundo al que van a venir y no me gusta lo que veo, vamos a acabar muy mal con esta generación que tenemos", estima la docente, que habla con un gran cariño a su abuela y le explica los problemas de su día a día en las aulas. "Creo que esa forma de pensar está volviendo otra vez, lo veo en el instituto con los chicos, son muy machistas, muchísimo", apunta. Y si aún no se ha llegado a la igualdad de género real ahora, dice, los jóvenes están dando alarmantes pasos hacia atrás.

Magdalena Cuevas, Carmen Fernández-Gallego y Elena Escamilla.

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