De cómo un hombre santo llega a beato

  • El proceso que se sigue en la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano es de los más complejos que existe y suele durar décadas hasta que se resuelve

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Los procesos de beatificación y canonización en la Iglesia católica son un complejo entramado de leyes, documentos, comisiones y tribunales que lleva hasta siglos para resolverse. No en vano, se considera como el proceso judicial más riguroso que existe en el mundo. Ejemplo de esta complejidad es la causa de Fray Leopoldo, que ha tardado medio siglo en conseguir la primera meta: la beatificación.

El protocolo oficial fijado por el Vaticano para nombrar beatos y santos ha seguido desde la antigüedad varios pasos y modificaciones, como la de 1969 y la última, de 1983 (ambas afectaron a la causa de Fray Leopoldo), con la Constitución Apostólica Divinus perfectionis Magister (25 de enero de 1983) y las Normas servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis in ausis sanctorum, promulgadas por la Congregación para las Causas de los Santos el 7 de febrero de ese mismo año. Unas normas que modifican y actualizan lo relativo a las causas de canonización.

Lo primero que se consigue es la beatificación, que tiene dos procesos: el de virtudes heroicas y el del milagro (hay que demostrar uno). Después se pasa a la canonización, para la que hay que probar un nuevo milagro por intercesión del beato para demostrar que "Dios sigue actuando a través de él", según se recogen las normas vaticanas.

El acto de beatificación se realiza en la diócesis del beato y no acude el Papa sino un enviado o ministro vaticano (normalmente el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ahora el arzobispo Ángelo Amato, que es el que presidirá hoy el acto de Fray Leopoldo). Las canonizaciones se realizaban todas en el Vaticano hasta que Juan Pablo II permitió realizarlas fuera pero siempre presididas por el Papa, que es el que tiene la potestad de nombrar la subida a los altares de los nuevos santos.

Para introducir una causa de beatificación los fieles han tenido que fallecer con fama de santidad. En el caso de Fray Leopoldo, se demostró que el mismo día de la muerte fueron cientos las personas que se acercaron a su velatorio y desde su entierro no pararon las visitas al cementerio de San José, donde estuvo hasta que fue trasladado a la iglesia de los capuchinos. Es obligatorio que haya transcurrido un plazo de cinco años desde la muerte en lugar de los cincuenta que se exigían antes para introducir la causa. Se decidió reducir el tiempo para evitar que desaparecieran pruebas y que fuera más fácil encontrar testigos. Fray Leopoldo murió en 1956 y la causa se inició en 1961.

Existen dos vías para la beatificación: por virtudes heroicas o por martirio y cada una tiene unos pasos distintos. Por virtudes heroicas (el caso de Fray Leopoldo) se pretende demostrar que el fiel vivió las virtudes cristianas en grado heroico y por martirio que el fiel lo sufrió por culpa de su fe. Según la fase, hay que nombrar un postulador en Roma cuando la causa se lleva a la Congregación y un vicepostulador como delegado del postulador.

Lo primero que se hace es abrir la causa en el lugar del fallecimiento del fiel con una biografía y las razones de la petición. Desde el momento de la introducción de la causa, al fiel se le llama Siervo de Dios. Después se nombran unos censores teólogos que examinan sus escritos y ven que no contiene ninguna doctrina contraria a la fe. Si no hay nada en contra, el obispo de la diócesis responsable abre el proceso y promulga un decreto por el que constituye un tribunal con un juez y promotor de justicia. Al promotor se le conocía en la antigüedad como el abogado del diablo porque busca la verdad del caso y a veces ponía dificultades. El proceso examina la vida del Siervo de Dios y se intenta averiguar el modo de vivir las virtudes. Si se trata de martirio, se centra sólo en el momento de la muerte pues hay que demostrar que murió por odio a la fe.

El tribunal interroga a los testigos, que preferiblemente deben ser de vista. Una vez terminada la fase probatoria se realiza la positio, un documento en el que se examinan los datos recogidos y se envía a la Congregación para las Causas de los Santos. El proceso informativo ordinario de Fray Leopoldo duró 15 años y tuvo 147 sesiones en las que se interrogaron 28 testigos.

Se pasa entonces a la fase romana del proceso. En la congregación recibe la causa el Colegio de Relatores, que la impulsa de acuerdo con las normas de la Congregación. La causa se asigna a un relator que prepara la ponencia sobre las virtudes o el martirio del Siervo de Dios. Esta tarea se prolonga durante años. Comienzan a examinar documentación, informes, declaraciones…

El Proceso Cognitionalis de Fray Leopoldo tuvo 49 sesiones con interrogatorio a 37 testigos. La ponencia sobre las virtudes o el martirio se presenta a la Comisión de Teólogos, que emiten su voto. Si es favorable se entrega a los cardenales y obispos de la Congregación. Si su voto también es favorable, se presenta al Papa la propuesta de que se apruebe el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios. Una vez aprobada, el siervo de Dios recibe el título de Venerable. Si el proceso es por martirio no hay declaración de venerable ni se requiere milagro.

Es competencia del obispo del lugar en que haya ocurrido la investigación del milagro que se atribuye a la intercesión del siervo de Dios. Se considera milagro a estos efectos un hecho que no es explicable por causa naturales y que se atribuye a la intercesión de un Siervo de Dios. La mayoría son de naturaleza médica. En cualquier caso debe ser físico, pues no basa un milagro moral, como ha recordado Benedicto XVI. El postulador inicia el proceso en el tribunal competente y propone las pruebas pertinentes. En los milagros médicos hacen falta pruebas anteriores y posteriores a la curación así como el testimonio de los médicos y también el de la persona que ha pedido el favor. Sólo serán relevantes los milagros que bajo ningún aspecto puedan ser explicables por causas naturales. En el caso de curaciones se debe descartar una curación por causas médicas que aún no se explican.

Al igual que el proceso ordinario se redacta una positio y se envían las actas a la Congregación. En este caso no interviene un relator. Los milagros se estudian en una comisión de peritos (médicos en caso de curaciones), después en un congreso de teólogos y por fin en la Congregación de los cardenales y obispos. Si los informes de los tres grupos son favorables se presenta al Papa, que es quien tiene la competencia de las determinaciones. En el caso de Fray Leopoldo, todas las consultas aprobaron por unanimidad el milagro. Si el Papa lo estima conveniente emite un decreto por el que se aprueba el milagro y se ordena la beatificación (la firma fue en diciembre de 2009). La fecha se decide después en un consistorio de cardenales.

Benedicto XVI ha retomado la norma de delegar en un cardenal para celebrar las beatificaciones.

Una vez beatificado, para llegar a la canonización se debe hacer un nuevo proceso con la aprobación de un nuevo milagro.

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