La crisis inmobiliaria frena la creación artística de maquetas en Málaga

  • Empresarios del ramo señalan que las promotoras han reducido mucho el número de pedidos pero disfrutan de su oficio a la espera de tiempos mejores

¿Quién no se ha sentido alguna vez maravillado al ver una maqueta? La precisión milimétrica, los colores, los cientos de horas de su elaboración, los más mínimos detalles... ¿Quién no ha pensado alguna vez comprar una y llevársela a su casa como tablero de juegos para grandes o pequeños? Un avión, una catedral, un edificio, un barco, un puerto, una ciudad... Son miles las opciones. En Málaga hay un ramillete de empresas que crean estas infraestructuras en miniatura, de forma artesanal o utilizando las últimas tecnologías, y sus gestores coinciden en dos cosas: es algo totalmente vocacional y la crisis está causando estragos ya que la mayor parte del negocio procede del sector inmobiliario.

José Manuel Clavero lleva más de 30 años trabajando en su empresa Artec. Ha sido el responsable de maquetas en Puerto Marina o de los hoteles de lujo Puente Romano y La Quinta. Apunta que la maqueta "es un compendio de conocimiento. No es algo que se enseñe, no hay una facultad para esto. Se requiere habilidad, conocimientos amplios del dibujo, de los materiales y de la maquinaria".

¿Cómo se hace una maqueta? Clavero señala que normalmente el arquitecto les da los planos del edificio a nivel de proyecto de ejecución y se decide una escala. Si el edificio es pequeño se tiene a una escala de 1:50 para que destaque y si es una urbanización se suele emplear el 1:1000. Una vez se tienen claros todos los ángulos, se procede a su fabricación. Clavero los realiza de forma artesanal y explica que antes se utilizaba la madera y el cartón, mientras que ahora la estrella es el plástico.

No hace falta decir el trabajo que conlleva. Este profesional afirma que se puede tardar de dos a seis meses en hacer una maqueta y que su precio varía en función del tiempo y la dificultad. Clavero ha vendido maquetas desde los 10.000 hasta los 50.000 euros. En cualquier caso, "cuanto más difícil es el proyecto, más disfruto porque supone un mayor reto", asegura con una sonrisa.

Lo habitual es que el arquitecto dé al maquetista los planos perfectos. Pero no siempre pasa así. Juan Manuel Muñoz Gambero es un prestigioso arqueólogo y trabaja como maquetista desde 1964 en su empresa, Muga. Afirma que el trabajo más complicado que ha hecho en su vida fue la maqueta de la catedral de Santiago de Compostela. "No nos dieron planos ni nada. Sólo teníamos el alzado por lo que tuvimos que irnos a Santiago y hacer fotos del ángulo de sombras que se creaban desde la bóveda hasta el suelo para poder calcular las distancias. Hicimos cinco maquetas que luego se juntaban y fueron seis meses de trabajo", recuerda Muñoz Gambero de esta experiencia que tiene anécdota. "Una de esas cinco partes, la cripta y el pórtico de la catedral, está en mi oficina en Málaga desde 1975 porque nunca me la pagaron". Casi 40 años después Muñoz Gambero ha hablado con el Museo de las Peregrinaciones para dárselo gratis. "Estamos viendo cómo lo mandamos".

Este experto defiende a capa y espada la maqueta como principal elemento de venta. "Hoy en día es muy difícil que un promotor pueda vender pisos sin tener una maqueta que los clientes puedan ver, tocar y medir porque, entre otras cosas, la maqueta tiene que ser un fiel reflejo de la realidad y tiene valor contractual por lo que si hay desfases se puede considerar un delito", señala Muñoz Gambero, quien se inició en este oficio en la década de los 70 haciendo la maqueta del cuartel de la Trinidad en escayola "para reducir el tiempo en el servicio militar" y que en estos momentos está enfrascado en la realización de maquetas de los restos fenicios del Cerro del Villar, junto a otros proyectos de corte inmobiliario.

Juan Manuel Aragón es más joven, pero le mueve la misma pasión por las maquetas. Creó su empresa, Animaq, en el año 2000 aunque estuvo trabajando previamente una década para despachos de arquitectura. Utiliza plenamente las nuevas tecnologías y posee máquinas capaces de hacer las maquetas de escayola utilizando diseños en tres dimensiones. "Es más rápido y también da bastante calidad", asegura. El precio final es similar porque "te reduce horas de taller pero el material de la máquina es muy caro". Ha trabajado para el Ayuntamiento de Málaga y para grandes constructoras nacionales como Acciona, Vallehermoso, Metrovacesa o San José, a la vez que desarrolla proyectos en Turquía o Brasil.

Eso no quiere decir que no les afecte la crisis. Al contrario. "Las promotoras han paralizado muchos proyectos. Antes hacíamos seis maquetas al mes y ahora con suerte hacemos una", destaca. La repercusión en su empresa ha sido clara pues se ha visto obligado a pasar de una plantilla de 12 trabajadores a siete. En los momentos bajos hay que tirar de ingenio y, además de las maquetas, esta empresa hace diseños de productos nuevos, prototipos reales en volumen y tamaño de futuros materiales que saldrán a la venta. Una empresa de Madrid les acaba de encargar que hagan una figura del cantante Melendi que se comercializará como juguete decorativo.

Muchos de estos maquetistas empezaron a trabajar en este área porque les gustaba el modelismo, principalmente de aviones. Clavero, por ejemplo, lo realiza en sus ratos libres y en 2002 ganó el Campeonato del Mundo de Modelismo Aéreo en Roma en la categoría máster. También es el caso de José Ramírez, propietario de Maquetas Málaga, en Alhaurín de la Torre. Aprendió aeromodelismo en una escuela en calle Tejón y Rodríguez en 1965. Trabajó durante 24 años en Tenerife en una agencia de viajes. Allí abrió un comercio de accesorios para maquetismo y hacía maquetas para promociones inmobiliarias en la trastienda. En 1994 regresó a Málaga y dedicarse a este negocio como autónomo. "Siempre he preferido trabajar sólo porque puedes enseñar a alguien y que luego éste se convierta en tu competencia", afirma. Este aspecto y el intrusismo profesional son dos aspectos que lamentan los maquetistas. Ramírez también se muestra pesimista por la crisis. "El negocio va fatal", afirma, pero no pierde la esperanza. Como tampoco lo hace Muñoz Gambero: "somos el termómetro del sector inmobiliario porque conocemos los proyectos antes que nadie y ahora estoy detectando que la gente vuelve a llamarnos, a pedir presupuesto y que parece que renace algo la ilusión".

Si hay algo que tienen los maquetistas, además de dedos finos y una gran habilidad, es una paciencia infinita. La van a necesitar hasta que vuelva a resurgir el sector inmobiliario y los plásticos, los arbolitos o los cochecitos regresen a las mesas de trabajo. Un placer para su vista y para la de los demás.

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