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La madre de todas las batallas

  • La exposición de la Casa Invisible que ha levantado tanta polémica a costa de la bandera de España anudada como una horca es una llamada de atención sobre la diversificación de la guerra

Fotografías de Byron Maher, con la enseña nacional, en la exposición de La Invisible. Fotografías de Byron Maher, con la enseña nacional, en la exposición de La Invisible.

Fotografías de Byron Maher, con la enseña nacional, en la exposición de La Invisible. / fotografías: javier albiñana

La Guerra. Espacios-tiempo del conflicto es el título de un proyecto urdido entre Málaga y la Ciudad de México y cristalizado en una exposición en la que participan un total de dieciséis creadores y colectivos entre los que figuran no sólo artistas, también escritores, pensadores, abogados y diversos profesionales de varios países: Aitor Jiménez (Nuda Vida), Arturo Hernández Alcázar, Brumaria, Byron Maher + Tout Nu, Caterina Morbiato, Chus Burés, Darío Corbeira, David Múgica, Democracia, Marina Salvo, Marta Girón, Núria Güell, Regina José Galindo, Santiago Sierra, Sebas Cabero, Sarmen Almond y Tal Frank (algunos con un recorrido más que notorio en el mundo del arte contemporáneo, presencia en ARCO incluida) son los participantes en esta muestra que, comisariada por Pedro José Mariblanca, puede verse en La Casa Invisible de Málaga hasta el 1 de noviembre. Se trata de un proyecto itinerante cuyos impulsores quieren llevar a otras ciudades y que en su primera parada ha generado cierta polémica por una obra que presenta una bandera de España anudada como una horca. La enseña estuvo expuesta en un principio en la misma fachada de La Invisible a modo de reclamo de la exhibición, pero la polémica llevó a los responsables a tomar la decisión de trasladar la pieza al interior. Por las mismas razones, todos los artistas y coordinadores participantes asumen por igual la creación de la obra. Dado que la horca de la polémica nace en el contexto de esta exposición, lo pertinente es ir a verla y valorar la cuestión in situ. Dicho y hecho.

La Guerra nace, según explica Mariblanca, como una invitación a la reflexión sobre las diversas manifestaciones del conflicto bélico. Más allá de la representación generalizada con bombas, disparos y soldados, la guerra adquiere desde esta óptica una multitud de presencias con sus correspondientes actuaciones. Así, por ejemplo, una de las primeras obras que reciben al visitante es una instalación en forma de mesa de restaurante con datos sobre los costes de los museos malagueños con la que se advierte de los peligros que entraña la mercantilización de la cultura. Caterina Morbiato presenta en Sobre el plástico un contundente alegato contra el consumo masivo del plástico y los estragos medioambientales y sociales (coste de vidas incluido) que éste genera. Marta Girón y Aitor Jiménez trasladan el quid a la mujer y a sus derechos sobre el aborto, y Núria Güell hace lo propio respecto a la prostitución y el turismo sexual en su vídeo Feria de las Flores. Algunas obras juegan con los imaginarios colectivos y sus símbolos: la instalación Estado Neoliberal de Sebas Cabero reúne a pocos centímetros de distancia un mechero encendido y una garrafa llena de gasolina. La guerra como tal tiene también su espacio: el reconocido Santiago Sierra presenta una pieza de audio en la que dos locutores pronuncian, uno a uno, durante más de dos horas de reproducción, los nombres de 150.000 fallecidos en la guerra de Siria entre 2011 y 2016; mientras que la videocreación Warsaw, de Sarmen Almond, recrea el escalofriante paisaje sonoro habitual de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Otras obras ahondan en la violencia con la que los Estados garantizan su supervivencia, como la serie de fotografías tomadas en la Plaza de Colón en Madrid dentro del proyecto Estatados de Byron Maher junto con el colectivo Tout Nu. Es aquí donde se inscribe la horca desplazada. Los visitantes pueden hacerse con un ejemplar de Violencias expandidas, un libro publicado por la editorial Brumaria (con la colaboración de Matadero Madrid entre otras instituciones) que recoge referencias a la guerra en la literatura y el pensamiento desde la Antigüedad hasta la filosofía contemporánea, pasando por los Evangelios, Spinoza, Nietzsche y The Smiths. El libro permite comprobar que el debate sobre la violencia que ejercen los Estados es tan antiguo como los mismos Estados, si bien cobró especial auge durante la Ilustración y en el siglo XX, gracias a pensadores como Walter Benjamin y Michel Foucault. Es en este contexto donde cabe interpretar el uso de banderas como maquinarias de violencia en la exposición. Lo que no quiere decir, por supuesto, que tenga que gustar a todo el mundo.

Apunta Pedro José Mariblanca que la exposición de la horca en la fachada de La Invisible no suscitó denuncias ni polémicas, al menos por lo que la organización ha podido corroborar: "Nadie vino a pedir que la retiráramos, ni a increparnos, ni siquiera a quejarse. Y eso que cuando la instalamos temíamos que alguien quisiera impedirlo, pero qué va, no pasó nada. Nuestra relación con los vecinos y los locales del entorno sigue siendo igual de buena. Fue a raíz de la publicación de una noticia en un medio digital que vinculaba la obra con Podemos y de la petición del grupo municipal de Ciudadanos de que la retiráramos cuando más empezó a tronar el ruido y al final decidimos exponerla dentro. Ahora los ánimos están muy futbolísticos con esto de las banderas". Dado que la intención es llevar la muestra a varios países, en cada uno de ellos la horca se anudará con la bandera correspondiente. Materia hay para un buen debate.

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