Una minifalda de 800 euros

  • Mónica Cabello, taxista de profesión, ha sido multada hasta en dos ocasiones por la Policía Local por llevar minifalda · Ahora le toca empezar a pagar la cuantía fijada

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La taxista y la minifalda. Podría ser el título de una película de desenfreno de Pedro Almodóvar o de una desternillante parodia de Billy Wilder, pero su simple mención causa pocas carcajadas en la protagonista de la trama. Muy a su pesar, la historia reciente de Mónica Cabello está ligada a tan afamada prenda de vestir, no porque abuse de su uso, sino porque haberla llevado en un par de ocasiones mientras conducía le ha creado más de un quebradero de cabeza. Hasta en dos ocasiones el ejercer su trabajo con este atuendo ha merecido el interés y la preocupación de la Policía Local, que ante tamaña provocación, optó por sancionar a la taxista a pagar una suma total de 720 euros.

La cifra, pasados ya casi dos años desde la imposición de la primera multa, se eleva a 800 euros. Porque como ella misma afirma de manera contundente, "me he negado a pagarlas". Hasta ahora, cuando han sido desestimados los recursos que presentó ante el Instituto Municipal del Taxi. Lo que le ha ocurrido, considera, es una muestra más del interés que tiene el Consistorio en usar el sector del taxi como medio de recaudación.

"Nos sentimos así, porque no es normal que, como me ocurrió hace poco, esté en una parada del centro, esperando en la cola a que los compañeros avancen para meter el coche, y me multen a las 11:03 y luego a las 11:05 en el mismo sitio", relata Mónica, que resume la situación de manera muy gráfico: "Nos están cosiendo a multas". Esta circunstancia, unido al problema de la piratería, hizo que buena parte de los taxistas de la capital se echase a la calle el pasado lunes, dejando sin servicio a la ciudad entre las 09:00 y las 13:00. Una marcha, desde Cortijo de Torres hasta la Casona del Parque, que podrían repetirse el próximo día 23 y, así, el resto de lunes del mes de septiembre.

A Mónica le toca ahora pagar. "Tendré que hacerlo de forma fraccionada, no me queda más remedio", confiesa con resignación. Cuando se le pide que tire de memoria para explicar lo ocurrido, no duda. El episodio parece que le hubiese sucedido ayer. "El 8 de agosto de 2008 fue cuando me pusieron la primera multa. Estaba en la antigua terminal del aeropuerto y un agente de la Policía Local se me acerca porque, según dice, estaba formando escándalo y llevaba minifalda. La segunda ocasión fue el 10 de octubre de 2009, cuando el mismo agente, me intenta multar por los mismos motivos". Al final lo consigue pero, según apunta, el gesto sublevó a más de un compañero del sector. "Pararon el aeropuerto como protesta, pero el agente me puso la multa y me retuvo los papeles y el coche", apostilla.

Apenas un mes después de esa fecha le llegan las dos sanciones al mismo tiempo. 720 euros por, según recuerda, incumplir el artículo 41 bis de la ordenanza municipal del taxi. Y qué dice la normativa: "Todos los conductores de vehículos adscritos a licencias municipales deberán prestar el servicio aseados y correctamente vestidos y calzados, debiendo llevar prenda superior con mangas, cortas o largas, y como prenda inferior pantalón largo o falda".

"Comprendo que haya unas normas que tenemos que cumplir todos los taxistas pero por encima de eso está la Constitución Española, que me avala en vestir adecuadamente. No tiene nada que ver el vestir con mi profesionalidad en el taxi", dice molesta, que insiste en que siempre ha mantenido el "decoro". "No creo que por llevar un piercing no pueda llevar un coche; siempre he vestido de la misma forma y nunca he tenido ningún problema con los clientes".

Si bien se ha convertido en protagonista del mencionado artículo 41 bis, apunta que no es la única que ha sufrido sus consecuencias. "El problema de la ropa no sólo lo padezco yo, porque hay otros compañeros que han llevado pantalones piratas y a los que les han puesto 300 euros de multa", explica.

Poca duda cabe que abonar 800 euros por tales razones duelen no sólo al bolsillo sino al sentido común. Pero Mónica admite que hay otro motivo por el que está especialmente afectada: la falta de sensibilidad y apoyo por parte de las concejalas del Ayuntamiento. "Esperaba una mayor atención por su parte", comenta, a lo que añade: "He visto en los plenos a las concejalas vistiendo como yo voy en el taxi y a ellas no les echan 800 euros de multa". "Me he sentido traicionada por las políticas del Ayuntamiento, porque no he obtenido ninguna respuesta", sentencia.

Su nombre se ha convertido en los últimos años en referencia del sector. Su caso se convirtió en noticia en numerosos medios de comunicación pero, como ella misma precisa, lo que le ocurre al taxi en la capital va más allá del efecto de una minifalda. Habla de sanciones indiscriminadas por parte del "cochecito de los cuernos", en alusión al que usa el Ayuntamiento para multar la doble fila o el aparcamiento indebido, y hace hincapié en la necesidad de controla el intrusismo. "En una ocasión, cuando bajaba de un vuelo me encontré a un pirata, con un cartel, en la parte de la cinta transportadora de maletas anunciándose", pone a modo de ejemplo.

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