El Prisma

Cuando el pan sube más que el río

  • La consejera de Medio Ambiente no es una persona que se prodigue mucho por aquí. Pero cada vez que viene y abre la boca, el precio del trigo se dispara en el mercado de futuros de Chicago

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HEMOS criticado mucho por aquí algo que a priori todo periodista y ciudadano debería agradecer: la permanente disponibilidad del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, para contestar cualquier pregunta. Esta exposición pública continua comenzó como una hábil estrategia para darlo a conocer en la ciudad tras la marcha de la televisiva Villalobos, pero ha acabado saturando al personal. También trivializando la figura del regidor y planteándonos la duda de si De la Torre no tendrá en realidad varios clones para acudir a tantos actos casi simultáneos y, sobre todo, si alguno de ellos tendrá el tiempo necesario para afrontar las montañas de papeles que se acumulan en el cuello de botella municipal que es su despacho.

Uno de los peligros de dar una rueda de prensa diaria es la alta probabilidad de meter la pata, decir una chorrada, caer en una incoherencia, o dejar a alguno de tus colaboradores con el trasero al aire. Es lo que le ha ocurrido al alcalde en los casos de Teresa López, Manuel Marmolejo, José Hazañas y Teconsa. Si se revisan sus declaraciones, hay motivos para el escándalo.Especialmente cuando ha intentado ligar la ética y la moral a las "entidades presupuestarias". ¿A partir de qué cantidad, según el alcalde, la cosa empieza a ponerse fea? Deberíamos establecer una cifra para próximos casos.

Pero claro, luego llegan las comparaciones y uno se da cuenta de que podría ser mucho peor. La consejera de Medio Ambiente, por ejemplo, no es una persona que se prodigue mucho por aquí. Pero, rayos y centellas, cada vez que viene y abre la boca, el precio del trigo se dispara en el mercado de futuros de Chicago. Es decir, que sube el pan.

El viernes, Cinta Castillo, la misma responsable política que sigue en su puesto tras afirmar que el hotel Algarrobico, el mastodonte ilegal del Cabo de Gata, no tiene impacto ambiental ni afecta a la flora o a la fauna, inauguró un pequeño parquecito -lo de parque lineal es una hipérbole indecente- en Campanillas. Sólo ha tardado 15 años en hacerse, aunque eso sea un plazo razonable según los estándares a que nos tiene acostumbrados por aquí la Consejería de Medio Ambiente. En los cinco minutos de atención a la prensa, la consejera no pudo decir más disparates. Tras la semana más difícil que se recuerda tras las inundaciones de 1989, con el Guadalhorce volviendo a desbordarse en Cártama porque nunca llegó a acometerse el proyecto de encauzamiento previsto en 1995, Castillo dijo que el agua caída "es bien recibida". También aseguro que las infraestructuras hidráulicas "aguantaron perfectamente", aunque no lo hicieron y destacó el carácter "absolutamente excepcional" de las precipitaciones registradas, que "no se han conocido en los últimos 25 años". Cuestionada por la necesidad de acometer nuevas obras o al menos algunas de las pendientes -y no insistiremos en la necesidad de llevar a cabo reforestaciones preventivas en los cauces-, la consejera respondió que "las excepcionalidades no marcan las políticas". Así que se supone que si al Guadalhorce, al Guadalmedina o al Totalán les da por desbordarse cada dos décadas, no debemos esperar ninguna responsabilidad de la administración competente. Lo excepcional, sin duda, es esta consejera.

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