Tania García. Educadora y creadora de Edurespeta

"No podemos exigir a los niños que sean máquinas"

  • La educadora, que ha visitado Málaga para presentar su libro, habla de la educación alternativa

  • "Pegar no educa, duele a nivel físico y emocional"

Tania García ha visitado Málaga para ofrecer una charla para padres con dudas y presentar su libro. Tania García ha visitado Málaga para ofrecer una charla para padres con dudas y presentar su libro.

Tania García ha visitado Málaga para ofrecer una charla para padres con dudas y presentar su libro. / m. h.

Una educación basada en el amor y el respeto. Es el lema de vida que Tania García (Madrid, 1983) trata de inculcar a aquellos padres que acuden a ella tratando de encontrar una manera diferente de educar a sus hijos. Para ello creó en 2014 Edurespeta, una escuela digital con consejos para los progenitores que desear criar "con sentido común". La educadora, que cuenta con miles de alumnos, presenta en Málaga su libro, Guía para madres y padres imperfectos que entienden que sus hijos también lo son.

-¿Se puede educar sin premios ni castigos?

-Se puede y se debe. Es algo que está muy normalizado en la sociedad, educar a los hijos como si fueran unos animalillos, como cuando se enseña a los perrillos a hacer pipí y se les da una chuchería. Tenemos que dar la vuelta a todo esto si queremos hijos realmente seguros de sí mismos, con autoestima y que tengan claros sus objetivos en la vida. Esto, aunque se pueda hacer también desde el castigo, al final es enseñar desde el miedo y la sumisión. Y si se puede enseñar a los hijos desde el sentido común y la coherencia para qué enseñarles con manipulaciones. Si no tratamos a nuestra pareja con chantajes no hagamos lo mismo con ellos.

-¿Y cómo se compagina eso con una situación, que ocurre en muchas familias, en la que los padres no están apenas tiempo con los hijos porque están trabajando?

-La conciliación en este país es pésima, es algo que prácticamente no existe porque los padres trabajan muchas horas. Pero los padres tienen que trabajar también a nivel de hogar. Si llegas a casa y estás con tus hijos hay que intentar que ese tiempo se disfrute. Porque muchas veces parece que actuamos como robots, los padres muchas veces solo hablan con los hijos de deberes, de poner la mesa, de cena, de ducha y de irse a dormir. Y la vida es mucho más que eso. Trabajo con familias que viven realmente amargadas, castigando y gritando. Hay que transformar eso para la salud mental de los padres y los hijos.

-¿Qué efectos lleva a largo plazo para el desarrollo del niño la educación respetuosa?

-Educar sin premios, castigos, manipulaciones y chantajes les aporta todo. Les aporta una paz respetuosa en la que aprenderán a respetar, no solo a los demás, sino también a sí mismos tal y como son, y llegar a ser las personas que quieren ser sin necesidad de la aprobación o gustarle a nadie. Sin etiquetas o comparaciones. Serán personas respetuosas con todos pero también consigo mismos, con autoestima y resistencia, lo que les ayuda cuando les viene un problema en sus vidas. Te da la llave de la felicidad y no crecen con esa carencia emocional que después van buscando en su etapa adulta en parejas, en amigos, en profesores de la escuela, etc. Cuando al final es algo que deberían haber encontrado en casa.

-Incluso a largo plazo, en adicciones.

-Exacto. En mi libro explico que las consecuencias son muchas, desde depresiones y ansiedades hasta trastornos alimenticios y adicciones. Pero no solo las adicciones a las drogas duras, sino también adicciones al tabaco, la comida, etc. Con una base emocional adecuada en la niñez, sin premios, castigos y chantajes emocionales, ese tipo de cosas son más fácilmente evitables, al menos en el terreno emocional.

-Hace falta empatía para criar un hijo.

-Así es. No podemos exigir a los niños que sean máquinas, porque no lo son. Son personas con todo el derecho del mundo a decidir, a elegir, a expresarse y a llorar si lo necesitan. Hemos llegado a un nivel de normalización en contra de los niños que no es normal. Si vas a un centro comercial y ves a un niño llorando o teniendo una rabieta todo el mundo te mira raro pero si la madre o el padre le da una torta es muy normal. Esto si fuera de una mujer a un hombre o de un hombre a una mujer no se vería normal, pero si es a un niño es educación. No. Pegar no educa. Pegar duele, y duele a nivel físico y a nivel emocional.

-Ha dicho en alguna ocasión que los adultos "intentan adaptar a los niños a su mundo y no intentan nunca adaptarse al mundo de ellos". ¿Lo aplica usted en la educación de sus hijos, de qué manera?

-La primera norma que les digo a las familias que me piden consejo es empatizar, ponerse en el lugar de los niños. Es la primera práctica que hay que llevar a cabo en todo momento. Y eso hay que tenerlo en cuenta para configurar su rutina diaria. Los niños tienen una etapa, por lo menos hasta los 12 años, en la que necesitan jugar igual que el comer y el dormir, pero no pueden jugar porque están todo el día en el colegio, luego extraescolares y luego deberes. Necesitan jugar. Los niños de hoy en día llevan vida de directivos de 50 años, hacen jornadas de responsabilidades de diez y doce horas. Los padres se obsesionan con los estudios y los deberes cuando los niños son como las esponjas y aprenden de cualquier cosa. Muchas veces aprenden más jugando que con 10.000 fichas.

-Eso tiene más que ver con un sistema educativo no bien enfocado.

-También. Es un sistema totalmente obsoleto, todavía pensado para ser mileurista trabajando horas y horas. Y esas no son las metas que hay que buscar en la vida. En mi caso yo tengo un negocio en la red, soy libre y no rindo cuentas a nadie. Me gusta fomentar eso a mis hijos, que sepan que ellos podrán hacer en la vida lo que se propongan trabajando y esforzándose.

-¿Hay un perfil tipo de padres que acuden a Edurespeta?

-El perfil es el mismo. Hay personas que ya han leído algo y han empezado a educar con respeto y vienen para perfeccionarse. Pero luego hay personas que gritan y castigan y se dan cuenta de que no pueden vivir en un continuo malestar. Lo que vienen buscando es una conexión con sus hijos porque se van a dormir arrepentidos de lo que hacen.

-Un par de consejos cuando los padres se ven en una trifulca con sus hijos por una rabieta.

-Es muy importante empatizar, intentar reflexionar sobre la situación y darse cuenta de lo que está pasando. El 90% de los conflictos son por culpa de los adultos, que entran al trapo y les acaba saliendo el niño interior. Hay que entender al hijo, mirarle a los ojos y dialogar, porque aunque creas que no te está escuchando, en realidad lo hace. Y hay que cuidar el lenguaje no verbal, de nada sirve dialogar si se hace con cara de mala leche.

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