Los puestos del mercado de Atarazanas serán modulares y de vivos colores

  • Los arquitectos del proyecto pretenden recuperar los elementos originales del edificio del siglo XIX eliminando la construcción de hormigón del interior y los falsos techos, además de reponer las vidrieras

Cuando la obra de rehabilitación del mercado de Atarazanas de la capital termine, muy pocos serán capaces de reconocer su interior. Los arquitectos encargados de su diseño, José González Gallegos y María José Aranguren, pretenden con su proyecto dar un aire de modernidad al emblemático edificio del siglo XIX con la colocación de unos puestos modulares, en forma de vagones alineados, que estarán adornados con paneles de vivos colores.

Se respetarán las calles y la organización actual de los puntos de venta, aunque los nuevos no se parecerán en nada a los actuales. González Gallegos, uno de los artífices de la idea, explicó ayer a este periódico que los puestos se distribuirán de forma lineal y no estarán anclados al suelo, lo que facilitará su sustitución en el futuro.

Su principal particularidad es que estarán compuestos por paneles modulares metálicos en los que, según señaló, "predominarán los colores alegres para aumentar la luminosidad del interior aprovechando la luz natural que entrará por las vidrieras".

Tras una larga negociación con los comerciantes del mercado central, los arquitectos han optado por el amarillo, el rojo, el verde y el azul como los colores centrales de la nueva decoración. La idea de este original diseño es que los nuevos puestos "sean como esculturas de la exposición de un museo, sólo que en este caso el museo será el propio mercado", aseguró González Gallegos.

Además, todos contarán con climatización propia y estarán dotados de las medidas de seguridad que establece la normativa vigente.

El suelo será otra de las novedades del nuevo mercado de Atarazanas. El proyecto prevé la sustitución del actual por un pavimento de un material de resina fácil de limpiar, que será continuo y sin juntas que según el arquitecto se ha elegido "para evitar que se incruste cualquier resquicio de suciedad".

El interior del edificio también sufrirá una importante transformación con el derribo de la construcción de hormigón que se levantó en el centro a finales de la década de los 60, y en el que se ubican las oficinas y la cafetería del zoco municipal.

También se eliminará el falso techo y las placas de uralita de la cubierta superior. En su lugar se recuperarán las tejas vidriadas originales de color verde que tenía el edificio diseñado por el arquitecto Joaquín Rucoba en el siglo XIX.

Según González Gallegos, el resto de la estructura metálica del edificio se mantendrá igual al estar catalogado como un Bien de Interés Cultural (BIC), aunque "sí se eliminarán la pintura y todos los elementos que se hayan añadido con posterioridad".

En el caso de las vidrieras, por ejemplo, el proyecto prevé que se mantenga la idea original sustituyendo las dañadas por otras de vidrio transparente. De esta manera, los arquitectos pretenden aumentar la luminosidad del interior del edificio, ya que estará libre de obstáculos.

Las fachadas laterales se dejarán libres, mientras que todas las entradas cumplirán las medidas de accesibilidad y seguridad a las que obliga la legislación.

El arquitecto defiende que la rehabilitación será "muy respetuosa" con el diseño original, pero "siempre buscando lo contemporáneo".

La obra, que durará 18 meses, será ejecutada por la empresa Sacyr con un presupuesto de 6,9 millones de euros.

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