Los quiosqueros piden libertad para poder comprar el tabaco a mayoristas

  • Una caída de ventas de un 60% y los altos impuestos dejan en la capital 40 quioscos cerrados

Juana Pulido y su marido Francisco tienen que comprar al estanco más cercano todo el tabaco que venden en la máquina expendedora del quiosco. Lo adquieren al precio normal de venta al público y tan sólo pueden ganarle 15 céntimos al paquete, una subida que tiene que asumir el cliente. A pesar de que ya no existe el monopolio de Tabacalera, los quiosqueros siguen obligados a acudir a los estancos y tener "las mismas ganancias de hace 20 años", según denuncia Jerónimo Núñez, presidente de Akima. Por ello, se van a reunir con el ministro Montoro para exigir libertad para comprar en mayoristas y poder igualar sus márgenes de beneficios a los de los estanqueros.

"Por qué si tenemos nuestra licencia del comisionada para vender tabaco y nuestra licencia fiscal no podemos ir a comprar donde queramos y tenemos que estar obligados a ir a un estanco", se pregunta Jerónimo Núñez que asegura que las ventas han caído en torno al 60%, tanto en prensa como en chucherías y otros productos. Además, según critican los quiosqueros, los estancos le hacen competencia desleal con la venta de prensa y revistas, refrescos y de chicles. "Ellos, sin embargo, no nos tienen que comprar a nosotros los periódicos y las revistas y venderlos más caros, como hacemos nosotros con el tabaco", añade Núñez, que denuncia que la inversión por cada paquete de tabaco ha crecido un 500% cuando la ganancia siguen siendo los 15 céntimos de hace dos décadas.

También aseguran los quiosqueros que se están viendo sometidos a inspecciones constantes por parte de la Policía Local para buscar tabaco de contrabando. "Parece ser que son los estancos los que están denunciando", dice Núñez. Juana y Francisco, que regentan su quiosco en la zona de Eugenio Gross, aseguran que las visitas de la policía por la zona son habituales y que las multas cada vez son mayores. "No podemos despachar cigarrillos sueltos, ha bajado mucho la venta de papel y de otros artículos y lo que queremos es ser competitivos, vender a los clientes al mismo precio y sacar más beneficios, porque ahora no podemos tirar", explican Juana y Francisco, que también critican que bazares y chinos vendan tabaco sin licencia y bebidas alcohólicas a deshora.

El presidente de Akima asegura que la crisis ya se ha llevado por delante unos 40 quioscos en la capital malagueña, que permanecen cerrados. "El Ayuntamiento le quiere dar solución, espera que se puedan transferir, pero es que ya no ganamos ni para pagar impuestos y pocos son los que pretenden hacerse con un quiosco porque supone una inversión grande, de unos 8.000 ó 9.000 euros, eso sin comprar el módulo", explica Jerónimo Núñez.

En la provincia existen entre 650 y 700 quioscos y en los últimos años han desaparecido casi 170. "Por la crisis y sobre todo por la competencia, cada vez que tiro de la persiana me supone un gasto de 25 euros diarios", subraya el presidente de Akima que también critica la subida de la categoría de las calles. Esto supondrá mayor tasa de impuestos que tendrán que pagar, además de cumplir con distribuidoras, seguros de autónomo y los gastos corrientes del establecimiento. "Entre los chinos y los estancos nos están hundiendo", concluye el representante del sector que hoy se reúne en asamblea.

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