Del susto a la desorientación

  • Los vecinos de Málaga afectados por el tornado intentan poner orden en su vida y afrontar el arreglo de los daños · Surgen problemas con el seguro y muchos desconocen los trámites

Segundo día. Después de reponerse un poco del miedo y de hacer balance de daños y pérdidas, a los afectados les tocó ayer retomar el ritmo de sus vidas. Y para lograrlo ellos mismos se pusieron manos a la obra. Los que tenían aseguradas sus viviendas esperaban a que peritos y técnicos llegaran a sus pisos a valorar los desperfectos y reparar cierres y cristaleras. Otros, con menos suerte, seguían reclamado a las compañías una asistencia que parecía no llegar. Muchos de ellos, unos 640 en la zona de Nuevo San Andrés, acudieron a la ventanilla habilitada para presentar sus reclamaciones. Pero en todos existía una cierta desorientación. Aún no saben quién se va a hacer cargo de las reparaciones necesarias para volver a la normalidad, algo que aún puede tardar semanas.

Francisca Márquez vive en la cuarta planta de la calle Llanonillos, 2. Ella es una de las desalojadas del bloque y ahora vive con su hijo. "La Policía no quiere ni que suba a por una pastilla", dice Francisca, que no sabe cuándo podrá volver a su casa. La pared de su dormitorio tiene un agujero por el que ven las terrazas de enfrente. "La pared se la llevó el viento y los bomberos están terminando de tirar los ladrillos, por seguridad no quieren que entremos", asegura Francisca, que dio parte al seguro y aún ayer no había respondido. Una situación similar vive María Teresa Araujo, vecina de Francisca. Ella está realojada en el Hotel Ibis pero se fue con lo puesto y hasta tuvo que comprarse una muda de ropa.

José María Soto acude a la droguería de Francisca para comprar guantes y ponerse a retirar cristales. Asegura que su madre y él están vivos "de milagro". Todos los cierres de su casa estallaron y los cristales dañaron los muebles del salón "como ráfagas de una ametralladora". Él ha tenido más suerte y su aseguradora le envió un perito para evaluar los daños. También puso reclamaciones tanto por la vivienda como por su coche en la oficina abierta.

Dolores Cervantes prepara unas lentejas en su casa de la calle Martín Gargujo. Llevaban dos días sin comer caliente. El tornado se llevó sus cristaleras y su confianza en las aseguradoras. A las 8:45 de la mañana del lunes ya estaba llamando a su compañía. "Di el parte y a media mañana vino un cristalero a tomarme las medidas. Me dijeron que por la tarde iba a venir un perito pero no lo hizo y nadie me llamó para anular la cita", cuenta Dolores. "Me dijeron que tenían orden expresa del Consorcio de no venir porque esto lo iban a declarar zona catastrófica", afirma esta afectada para la que las aseguradoras "se están lavando las manos".

Tampoco perito alguno, ni del Consorcio ni del seguro, había subido por el momento hasta el octavo H de la calle Hoyo Higuerón. Allí Mariví Sánchez, su marido y sus vecinos trabajan para poder seguir adelante. Han tomado fotografías de todo, piensan pedir un crédito y harán las reparaciones por su cuenta para luego pasar las facturas a quien corresponda. El tornado golpeó especialmente esta vivienda. Entró por el salón y salió por el lavadero. El viento se llevó a su paso hasta la vitrocerámica. Ella y sus dos hijas pequeñas pueden contarlo porque se refugiaron en la bañera, pero a Mariví no se le quita de la cabeza que su niña de 4 años le preguntara si iban a morir. "Hemos llamado ya al seguro ocho o diez veces y no ha venido nadie", asegura.

Hasta la Oficina Municipal de Atención al Ciudadano (OMAC) de Cruz de Humilladero se acercaron Manolo Navarro y su mujer, Ana Moreno, para dar parte de los daños que han tenido. Un rato antes habían estado en el taller cambiando los cristales del coche, gasto cubierto por el seguro. Sin embargo, aún no saben qué pasará con la pintura y los golpes porque el vehículo tiene que pasar el examen de un perito. En la oficina, donde hacía cola un buen puñado de afectados, querían presentar su reclamación e informarse de los trámites, aunque de momento no se han topado con dificultades. Más tarde se ocuparán de los desperfectos de la vivienda, ubicada en la calle Juan Bautista Barba. "Se ha roto una persiana y un cristal de la cocina", explicaba Ana, que enumeraba también los daños que ha sufrido la casa de su hermana, más numerosos.

Isabel García Porras, una vecina de la Avenida Juan XIII, no tiene la casa asegurada. Estaba en Pizarra cuando el tornado azotó la zona donde vive y ayer por la mañana hizo balance de daños al llegar a casa. Tiene rotos la cristalera y el cierre del balcón, una persiana y un mueble partido en dos. Espera tener ayuda de algún tipo -al no tener ninguna póliza, puede recurrir a las subvenciones del Gobierno- y se había acercado a la OMAC para informarse. Juan Romero, vecino de la calle La Unión con un par de cristaleras y poyetes rotos, sí tiene la vivienda asegurada y ayer hacía cola para rellenar la hoja de reclamaciones. Estaba en casa con su mujer y sus dos hijas cuando pasó el tornado. Lo que sintió fue como "si un camión estuviera descargando en el ojo patio".

Los responsables del ciber que hay en la estación de autobuses están teniendo más problemas. Cuando contactaron con el seguro contratado hace tres años les dijeron que no se hacían cargo de la reparación porque los daños están causados por una catástrofe natural, por lo que le corresponde al Consorcio de Compensación de Seguros. Al llamar al Consorcio, les explicaron que aún no podían hacer nada porque están a la espera del informe meteorológico, explica Marta García, que ayer intentaba poner orden en el local junto a su familia. El seguro tampoco les puso el vigilante que pidieron y que han tenido que contratar ellos. "Estamos a la espera y no sabemos cuánto tiempo tendremos que esperar".

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