No todas se pudieron sumar...

  • No todas las que quisieron pudieron hacer huelga ayer ni participar en los paros convocados

  • Los servicios mínimos obligaron a una lucha de puertas a dentro en algunos colectivos

Un grupo de trabajadoras y camareras de pisos de un hotel de Torremolinos, ayer. Un grupo de trabajadoras y camareras de pisos de un hotel de Torremolinos, ayer.

Un grupo de trabajadoras y camareras de pisos de un hotel de Torremolinos, ayer. / e. moreno

En las radios locales se dejaron de escuchar voces femeninas desde primeras horas de la mañana. Los periodistas varones tomaron el relevo y eso ya hacía presagiar que la jornada de paro iba a ser histórica. La calle Larios y la plaza de la Constitución se llenó de mujeres, de miles de ellas, que reivindicaban a coro esa igualdad real que después de trescientos años de lucha feminista aún no se ha conseguido. La concentración espontánea se hizo enorme y profundamente emocionante. Pero muchas, aunque hubiesen querido, no pudieron estar ahí. Virginia Cuesta recibió el día anterior la llamada de su supervisora, tenía que hacer servicios mínimos. Es enfermera y tiene contrato del 1 al 15 de marzo en el Hospital Civil.

"Me dijeron que tenía que trabajar desde las tres de la tarde a las ocho de la mañana siguiente, que era servicio mínimo y que iba a ser la última enfermera de la planta, pero esto es una excusa porque ayer y antes de ayer fui también la única enfermera en ese turno", protesta Virginia. Lleva una década trabajando en el SAS y aún pasa de un contrato temporal a otro. "Vengo de estar 20 días en el Hospital Regional y antes una semana en el Clínico", comenta. En los dos meses y poco de 2018 ya ha acumulado cinco contratos. "En mi caso es mentira los servicios mínimos porque así de mínimos son todos los días, es la plantilla que tienen", dice y lamenta los recortes sufridos desde que accedió al SAS en 2008.

Para Virginia la movilización feminista de ayer era fundamental, aunque tuviera que hacerla en espíritu. "Tenemos siempre las de perder por ser mujeres, nos valoran menos en el trabajo y en casa llevamos la mayor carga, todos los días, todas las horas y eso no se valora", apunta. Su profesión, la enfermería, está copada por mayoría femenina. Sin embargo, los puestos de gestión los ocupan los hombres. "Eso no falla", apostilla. "Al menos quisiera trabajar todo el año con un mínimo de seguridad, no la precariedad que tengo, que no me puedo meter ni en una hipoteca porque nadie me respalda. Ni me planteo la maternidad porque no puedo, no podría mantener a un hijo y como yo somos muchísimas", añade Virginia Cuesta.

"Tengo compañeras embarazadas de 7 meses y están trabajando a no ser que tengas un embarazo de riesgo, hasta las 35 semanas no te dan la baja y no pueden desarrollar bien su trabajo con esa carga", señala la enfermera, que también recuerda con tristeza cómo tuvo que ir a trabajar 36 horas después del fallecimiento de su padre para afrontar un turno de 14 horas.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado carecen de derecho a la huelga, por lo que todas las mujeres de la Policía Nacional tuvieron que ir a trabajar ayer si les correspondía en turno. "Es un derecho constitucional que no tenemos, pero yo hubiera ido a la huelga", explicaba una policía. "Si vas te arriesgas a medidas disciplinarias, porque se supone que incurres en una falta entre grave y muy grave", agregó. Las consecuencias pueden ser desde la suspensión de funciones de tres meses y un día, hasta seis años e, incluso, la separación definitiva del servicio en casos muy graves.

"Se ha avanzado mucho y hay compañeros que respetan nuestro trabajo, pero hay otros, los menos, que son reacios a trabajar con mujeres, aunque llevemos años demostrando nuestra profesionalidad", apuntó la policía. "Esto sigue siendo un cuerpo de hombres y hay que seguir reivindicando, aún la mayoría de los cargos los tienen ellos, cuanto más subes en el escalafón a menos mujeres ves", añadió al tiempo que reconoció que la mujer en el Cuerpo todavía "nos sentimos tratadas con inferioridad con respecto a los hombres". "Queda mucho por hacer pero esto es como la gota de agua en la roca, por desgaste se consigue", agregó la profesional.

Lola Moreno es controladora aérea en la Torre de Málaga. Ni ella ni sus compañeras se pudieron sumar a la lucha feminista, como a ninguna otra. "Tenemos ya varias sentencias del Tribunal Supremo que han sido firmes a favor del trabajador y contra los servicios mínimos del 100% por considerarlos abusivos, pero esto sigue igual", apuntaba ayer. La totalidad de los especialistas que dan el servicio de control aéreo, los que hablan con los aviones, "no tienen derecho a huelga, es una vergüenza", señaló. Más aún ayer, cuando se trataba de una "jornada especial para visibilizar el papel de la mujer en la sociedad, pues tampoco nos han dejado", aclaró. En la Torre de Málaga no llega al 30% los puestos ocupados por mujeres, por lo que es una profesión mayoritariamente masculina. "Me parece una reivindicación fundamental, es triste tener que hacerla, pero aún tenemos sueldos más bajos y peor acceso al mercado laboral, es loable protestar y nosotras no hemos tenido la oportunidad", reclamaba.

Además de las sanciones oportunas por no cumplir los servicios mínimos, "como colectivo estamos expuestas a multas de gran cuantía", comentó Moreno. Subrayó también que "en varias huelgas, desde los años 90, las sentencias han sido favorables al trabajador y no se ha hecho nada por parte de la empresa para dejar, al menos, que uno de nosotros pueda hacer huelga".

Sueldos bajos, contratos precarios y servicios externalizados. Aunque motivos no les faltan las camareras de piso, un colectivo mayoritariamente feminizado, tampoco lo tuvieron fácil para secundar la huelga. El motivo: el temor a posibles represalias. "Tienen miedo porque se arriesgan a que las despidan", explicó María Trinidad Jiménez, presidenta de la Asociación Kellys Unión Málaga, quien agregó que "muchas tienen un contrato temporal y temen que no les renueven", lamentó. Solo unas pocas se atreven a denunciar, una vez más, la situación de las camareras de piso en la Costa del Sol. Eso sí, durante la media hora que les corresponde de descanso para comer, ya que no hubo parón ni huelga en el colectivo. Es el caso de Ana Barranco, quien ya acumula 44 años de trabajo a sus espaldas en el gremio. "Pedimos que nos valoren, como mujer y como trabajadoras. Y también reivindicamos que se nos reconozcan nuestras enfermedades, porque soportamos mucha carga laboral y muchas nos tenemos que medicar", aseguró.

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