calle larios

La última cogorza de Sam Smith

  • lSueño cumplido: los artistas famosos de por ahí hablan muy bien de Málaga

  • De eso se trataba, ¿no?l Otra cosa es en qué sentido lo hagan

  • Aunque actúen en consecuencia

Sam Smith, músico seguido por legiones con una idea muy clara de qué es lo mejor que se puede hacer en Málaga. Sam Smith, músico seguido por legiones con una idea muy clara de qué es lo mejor que se puede hacer en Málaga.

Sam Smith, músico seguido por legiones con una idea muy clara de qué es lo mejor que se puede hacer en Málaga. / m. h.

Por más que determinados agentes sigan poniéndose irremediablemente tiernos cada vez que Antonio Banderas, Pablo Alborán, Dani Rovira o algún otro figura pregona las bondades de Málaga allá en los continentes hiperbóreos, lo cierto es que el personal nativo considera ya estos piropos una cuestión natural, cuando no una obligación moral: al cabo, eso es lo que tienen que hacer, que para algo han nacido aquí. Pero no, con todo lo que se ha puesto en juego lo que Málaga necesita es que algún referente internacional de estos de caerse de espaldas diga bien alto que la ciudad es el no va más, lo mejor del mundo, canela en rama, la madre de todos los corderos. El caso es que esta Málaga, ay, carece de un palacio nazarí como la Alhambra en el que la familia Clinton pueda hacerse unas fotos estupendas ante la puesta de sol; y si Michelle Obama decide darse una escapá, se queda en Marbella, sin salir apenas de un hotelito donde, al parecer, tienen puestas aún todas las esperanzas en que la presunta regrese con su cónyuge. De modo que había que poner en marcha un plan estratégico, traer franquicias de museos internacionales, inventarse una marca tras otra, convertir el centro en un enorme club para cruceristas y, claro, presumir de la mejor Feria del mundo, con tal de que alguien dijera que esto es mejor que Sevilla. Un poco como cuando la jet set empezó a tomar forma en Marbella pero con mayor sensibilidad y más conocimiento de causa. El empeño de Antonio Banderas en traer a gente al balcón del Hotel Larios para ver la Semana Santa no ha podido, desde luego, ser más encomiable: hasta Tony Blair se dejó caer por allí, que ya es decir. La cuestión es que la estrategia ha ido dando sus frutos, con visitantes de diverso pelaje dando su bendición a los espetos y fichajes estelares del urban art dejando el Soho perdido. Y sí, ya vamos teniendo líderes seguidos por multitudes que cantan a los cuatro vientos lo mucho que les gusta Málaga y recomendándola encarecidamente en púlpitos, ruedas de prensa y redes sociales. El último ha sido el cantante y compositor británico Sam Smith, la enésima gran promesa del pop anglosajón, que en 2014 deslumbró a propios y extraños con su primer álbum, In the lonely hour, y que acaba de lanzar un adelanto del segundo, una canción titulada Too good at goodbyes. A sus 25 añitos, y con varios premios Grammy en su estantería, el londinense es un creador respetado por su querencia al soul y su notable registro vocal; también es tremendamente famoso, especialmente a tenor de su canción Writing's on the wall, que sonó en la película de James Bond Spectre. Pues bien, en una entrevista concedida hace unos días a Los 40 Principales, Smith contó que su familia tiene una casa desde hace ya muchos años en Villanueva de la Concepción, donde al igual que otros muchos británicos pasa sus vacaciones. En la misma entrevista habló maravillas de parajes como el Torcal de Antequera y, a la hora de referirse a la capital malagueña, también lo hizo en un tono positivo aunque, eso sí, con un único comentario: "Me encanta ir a emborracharme a la Feria". Y tan pancho se quedó el amigo.

Habría sido deseable, claro, que Sam Smith hubiese relatado lo mucho que le gustan el Museo Picasso, el Jardín Botánico de la Concepción o el Teatro Romano. Pero exigir a otros la delicadeza que uno no cultiva en casa entraña una actitud cuanto menos fea. El artista ha puesto a Málaga en el mapa (cuánta publicidad, cuánta mala fe, cuánta destrucción patrimonial, cuánto de venderse barato contiene esta expresión que tanto ha cundido en boca de tanta gente en los últimos años) a cuenta de lo que a él más le gusta: las ofertas de la Feria de Málaga a la hora de coger una buena cogorza. La revista Jenesaispop.com hace el siguiente comentario: "Así que, lectores malagueños, que no os extrañe encontraros algún día a Sam durmiendo la mona en la playa o, directamente, tomando finos en alguna bodega de la calle Beatas". Lo de los finos en la bodega de la calle Beatas es de traca, pero lo de la posibilidad de encontrarse al cantante algún día ciego como una cuba en la playa recuerda a recientes sucesos en la Barceloneta cuyo modelo habría que evitar. Es posible que a más de uno el comentario del menda les haya hecho poca gracia, pero tampoco hay de qué extrañarse: este tipo de promoción es justo lo que muchos en esta ciudad, incluidos los defensores a ultranza del botellón apestoso en que se ha convertido buena parte de la Feria del Centro, venían buscando desde hace tiempo. Sam Smith viene a la Feria, se emborracha y no parece encontrarle muchos más atractivos a Málaga. Podemos concluir que es un cateto sin ojos en la cara o que, tal vez, actúa en consecuencia. ¿Cabía esperar una proyección distinta de nuestra Feria, o lo que pasa es sólo que todo sigue su lógica? Ahora, lo que espero es que nombren a Sam Smith abanderado de la Feria de Málaga en 2018. Por sus inestimables favores.

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