"Sé que voy a ser un jugador hasta el día en que me muera"

  • Hoy se celebra el Día sin Juegos de Azar, un problema que afecta sólo en Málaga capital a casi el 6% de la población y que cada vez es más frecuente en menores

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"Soy consciente de que voy a ser un jugador hasta el día en que me muera". Es la frase con la que muchos jugadores de azar rehabilitados se sentirán identificados a la hora de afrontar un problema que desgraciadamente está cada vez más implantado entre los más jóvenes. Álvaro González empezó con apenas 19 años a mostrar síntomas de esta adicción y hoy en día, a sus 32 años y ya curado, reconoce que es una experiencia que marca de por vida.

Las máquinas tragaperras fueron el refugio que buscó cuando su hermano murió de forma repentina. Primero empezó jugando no más de 500 de las antiguas pesetas, pero cuando ganó su primer premio inició un viaje sin retorno que ha echado por tierra buena parte de sus mejores años de juventud porque llegó un momento en que no lo podía controlar. Dejó el instituto y empezó a trabajar para conseguir dinero, pero nunca era suficiente. El apoyo de los suyos le hizo estar tres o cuatro años alejados de los juegos de azar hasta que volvió a caer. "Me daba la sensación de libertad y me hacía olvidarme de todos mis problemas", recuerda este joven.

Ahora ya puede decir con orgullo que es un jugador rehabilitado y su hijo de apenas dos meses lo que le hace mirar hacia delante con optimismo. Su caso es muy similar al de muchos jóvenes que cada día llegan a la asociación malagueña Amalajer, que hoy celebra el Día sin Juego de Azar, para tratar su adicción. Ricardo Argoncillo también empezó demasiado joven en un problema del que ahora está tratando de salir. Apenas tenía 14 años cuando empezó a jugar.

Primero, fueron los videojuegos. "Me los pasaba todos y pronto necesité buscar otra cosa que me produjera la misma satisfacción", aseguró. También recurrió a las máquinas tragaperras y hasta que no se vio endeudado y engañando a su familia para conseguir más dinero no se dio cuenta del alcance de su adicción. Por aquel entonces, formaba parte del Ejército en Melilla y apenas le quedaba dinero para comer. El placer del principio se convirtió en una insoportable angustia.

Como él, cada vez más jóvenes manifiestan este problema, sobre todo, entre los 25 y 35 años. Aunque, según el presidente de la asociación Amalajer, Francisco Abad, incluso se dan casos entre los 15 y 17 años. La diferencia es que antes el perfil de un jugador superaba los 55 años y en raras ocasiones tenían estudios superiores. Ahora el problema se ha extendido y sólo en la capital ya afecta casi al 6% de la población.

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