Obligación moral

  • El Málaga visita Butarque estando todavía a siete puntos de la zona que marca la salvación

  • Se prevén varios cambios en el once de José González, que se lleva a todos sus delanteros

Más que cualquier otra cosa, para el Málaga ganar al Leganés es una obligación moral. Se lo debe a su gente y se lo deben a sí mismos todos los integrantes del conjunto blanquiazul, entrenador incluido. No se discute que se esté trabajando duro. Y en los partidos, no se puede negar, hay muchos jugadores que se dejan la piel hasta que el colegiado de turno da sus últimos tres suspiros. Otra cuestión, más subjetiva y que da para horas de intenso debate, es la capacidad de cada uno para el oficio del balompié.

El Málaga, de un modo u otro, tiene que frenar ya su derrumbe. No es todavía el protagonista de un descenso histórico porque los rivales más directos se esfuerzan en parecer tan mediocres como los blanquiazules. Así que la victoria debe llegar de una vez por todas. Otra cosa es que sirva para algo a final de temporada. La salvación no es algo realista, pero las matemáticas son las que son. Si son crueles para decir que el Málaga no funciona o que José González ha empeorado los números del Gato Romero, también son a su vez generosas con la ilusión. Siete puntos, tres rivales directos que suelen patinar, 12 jornadas, 36 puntos en juego.

José González se ha llevado a Madrid a todos los delanteros que tiene. En 18 huecos han encajado Ideye, Borja Bastón, En-Nesyri, Alberto Bueno y Diego Rolan. Sí, hay uno más en la plantilla, pero es Peñaranda. Como se dice en Málaga, cascarilla.

No es que tengan unas cifras de locos. En un Málaga que cuenta 16 goles en su casillero particular, entre los cinco suman ocho. Tres de Diego Rolan, dos de En-Nesyri y Bastón y uno de Ideye. Bueno es el único que no se ha estrenado. También debe ser una obligación moral para ellos maquillar sus cifras. "Los delanteros viven del gol". Pues estos señores se tienen que aplicar, porque parecen empeñados en vivir de otra cosa distinta. Porque las sensaciones están bien, pero a la hora de la verdad cuentan los tangibles.

Habrá que ver cómo construye el once González. Algunos jugadores pueden estar más fatigados por los recientes esfuerzos. Quizás Rolan, que se entregó ante el Sevilla jugando en punta y ambas bandas, parta desde el banquillo. Atendiendo a lo que dice el entrenador blanquiazul, el Málaga va a jugar igual, con su clásico 4-4-2. En las siete jornadas que se llevan disputadas, los mejores minutos de los malacitanos han llegado con la pareja En-Nesyri-Ideye peleándose contra molinos de viento sin descanso.

La cuestión es que la convocatoria también cuenta con otros tres hombres de ataque como Samu García, Juanpi y Chory Castro. Los dos primeros pueden jugarse un puesto en el flanco diestro con Diego Rolan. El último es fijo y si no juega es porque José le ve absolutamente agotado, algo que tampoco sería una sorpresa viendo los síntomas de fatiga del Chory en los partidos recientes.

Una vez mentados todos los atacantes del Málaga, resulta descorazonador ver que en el Leganés juega un futbolista que los sentaría a todos. Da igual que fuese en un ala o en la opuesta, de nueve o de segundo punta. Amrabat, que casi mendigó regresar en verano, ha sido uno de los pilares sobre los que Garitano ha sujetado al aplicado Leganés. Aun con sus particularidades, habría servido abnegadamente a la causa malaguista. Ahora se suspira por hombres así. Dichoso fútbol y los que lo manejan...

Pero ese agua pasada no moverá molino. El Málaga tiene que moverse a golpe de presente y desentumecer los áridos recuerdos de la victoria. Un club con tanta solera, con tanto fiel, tiene la obligación moral de morir matando. Y que luego los números digan su propia verdad.

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