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El chico a emular

  • Mula, centrado y sin alardes, ha adelantado por la derecha a canteranos como Ontiveros y En-Nesyri, que han perdido peso por falta de profesionalidad

Álex Mula posa en las gradas de La Rosaleda. Álex Mula posa en las gradas de La Rosaleda.

Álex Mula posa en las gradas de La Rosaleda. / javier albiñana

El pasado 26 de agosto debutaba en el estadio municipal de Montilivi, cerca de su ciudad natal -Barcelona-, Alejandro Miguel Mula Sánchez. El canterano de 21 años disfrutaba de su primera titularidad en la élite ante el Girona. Para muchos, el encuentro del extremo zurdo fue de lo mejor en aquella segunda derrota liguera. Mostró de qué es capaz. Actitud, mucha. Y aptitud, la que ya paseó por La Federación.

Era el reflejo del trabajo, de una pretemporada en la que igualó el nivel de sus compañeros con los ojos muy abiertos, las orejas muy atentas y las piernas muy frescas -fue el segundo jugador más usado durante los amistosos-. El catalán es todo entrega y predisposición, pundonor y sacrificio. Y eso gusta a cualquiera, llámese Míchel o Manel Ruano, los últimos en moldearle. El joven futbolista ha visto la apuesta y la ha elevado con su ritmo. Tanto, que ha pasado por la derecha a Juanpi, Keko, Jony, Chory Castro y Ontiveros. Cinco que no han podido ofrecer lo mismo en la segunda línea de ataque. Desde que se estrenó en el once inicial, Mula ha sido titular en los cuatro partidos posteriores. Está más fino y corre más que el año pasado, según los datos de los tests físicos. Míchel parece convencido.

Marroquí y marbellí pueden mejorar: centrarse en el fútbol y mejorar su alimentación

El camino de cualquier canterano es uno muy largo y empedrado, terreno difícil que pocos superan. Como si de una peregrinación del Sahara al Everest se tratase. Pero Mula siempre ha ido bien equipado. En sus primeros meses con el equipo, ha ido de puntillas, sin dar mucho ruido, solo el que puede dar con el balón en los pies. Se encarga de trabajar, sólo trabajar, sin alardes ni florituras externas. De hecho, en apenas unos meses en los que se le brindó la oportunidad, ha dejado en evidencia las prestaciones de Ontiveros y En-Nesyri, dos que no han sabido gestionar su efervescencia y han dejado de sorprender una vez instalados en el piso de arriba.

El ejemplo de Mula viene al palo tras el reciente caso Ontiveros, apartado por indisciplina de manera indefinida. El marbellí es uno de los jugadores más diferentes de la actual plantilla de Míchel y así lo ve el entrenador. No en vano, pese a estar recién salido de una pubalgia, el madrileño le regaló en torno a media hora en los cuatro que estuvo disponible. Del joven marbellí siempre preocupó su estabilidad y todos los agentes externos que pueden influir en su evolución. Con el episodio después de Mestalla, el que desbordó el vaso de la paciencia del club, quedó bastante claro.

El tema de la alimentación es algo en lo que también se ha incidido con el extremo. Una dieta equilibrada que potencie las virtudes del jugador. Físicamente podría alcanzar más velocidad y mantener su fortaleza en el contacto con el rival por su gran tren inferior. Preocupa también su facilidad para desconectar y acomodarse. Se le exige implicación, pero no traducida en una guerra por su cuenta -como en su último choque, ante el Valencia-. Desde que Manel Casanova le repescara del Betis tras problemas en la residencia del club, siempre ha sido un jugador al que han atado en corto, al que han tenido que mimar a la vez que educar para que siguiera por el camino correcto. Si consigue adaptarse a su nuevo rol de élite será el jugador que promete, aunque acaba de tocar fondo. En este impás debe reflexionar si prioriza su vida profesional a la privada.

El caso de En-Nesyri está ahora en segundo plano pero igualmente es flagrante. Uno de los jugadores con mejores condiciones físicas que han aterrizado en La Academia en los últimos años. Al ser juvenil de tercer año (1997), comenzó la temporada con el equipo de Sergio Pellicer, la acabó con el filial de Manel Ruano y, tras una pretemporada con mucho gol, se instauró en el primer equipo como una alternativa, real y diferente, a la punta de ataque. Aunque de aquello queda poco. Tras un año, entre llamadas de las selecciones absoluta e inferiores de su país, el marroquí no ha cambiado nada.

Lo primero y más palpable, su fisionomía. Si bien es cierto que la zancada del jugador se presentaba como privilegiada, su impacto en el fútbol de élite queda mermado por su escasa musculatura, algo que le deja carente de respuesta en cada envite o choque con la defensa rival. Su dificultad para ganar la posición proviene de este detalle, tan importante y tan poco moldeado en el último año y pico. Muchos deberes, poco trabajo. Aunque, más allá de que ejercite más o menos aquellas zonas recomendadas, el jugador tiene mucho que mejorar a nivel alimenticio, punto clave para alcanzar el objetivo muscular. Más peso y más masa muscular. Además, preocupa en el club la vida privada del marroquí y sus influencias, incompatibles y poco aconsejadas en el fútbol.

En estas, el ejemplo o espejo en el que reflejarse es ahora Álex Mula. Sin ruidos. Trabajo y entrega. Como ya lo fue Fornals hace un par de años -aunque este bordaba la perfección-. Ontiveros y En-Nesyri tienen mucho que aprender de él.

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