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Mucho que hacer en 2018

  • El Málaga tiene aún 21 partidos para mejorar su juego y resolver la papeleta del descenso

  • Husillos dispone de un mes para reforzar la plantilla con hombres que marquen diferencias

Míchel se ayuda del brazo para evitar el sol durante un entrenamiento en el Anexo de La Rosaleda. Míchel se ayuda del brazo para evitar el sol durante un entrenamiento en el Anexo de La Rosaleda.

Míchel se ayuda del brazo para evitar el sol durante un entrenamiento en el Anexo de La Rosaleda. / jorge zapata / EFE

"Año nuevo, vida nueva", reza el dicho cada 1 de enero, cada vez que toca cambiar el calendario del salón o el almanaque de la cartera. A algo así se alista el Málaga para este 2018, para cambiar de vida tras un 2017 con un buen puñado de grises y claroscuros para el olvido: tres entrenadores, una nefasta planificación deportiva veraniega y un inicio de temporada paupérrimo. Con tal precedente, mejorar el año se antoja sencillo, aunque resolver la papeleta del descenso se está convirtiendo cada vez más en algo utópico. Hay mucho que hacer.

En primer lugar, el foco se debe centrar en el equipo. En los que están, parafraseando a Husillos, "la gente que va a sacar esto adelante". Es el núcleo de la plantilla, con los últimos retoques de Ignasi Miquel e Iturra, el que tiene la posibilidad de revertir la situación. Sin olvidar el eslabón fundamental de un Míchel que no está siendo capaz de darle sentido al guión. Al fin y al cabo, es un todo que no funciona. Ni el madrileño ha sabido hacer fuerte al equipo basándose en lo táctico, ni el equipo ha sabido responder de manera individual -como sí lo hizo el pasado año, despuntando el nombre de Sandro-.

Es otra asignatura pendiente de Míchel esta temporada la faceta mental que tanto ha agraviado al equipo, débil ante situaciones adversas como el primer gol en contra. De hecho, el club recurrió a Fernando González, psicólogo deportivo, el pasado mes de noviembre. Y es que sí ha dado el equipo pequeños fogonazos de un despertar que no acabó llegando, desinflado en gran medida por estos vaivenes mentales sobre el terrero de juego. Más allá de actuaciones como las de Anoeta o en casa ante equipos gallegos como el Dépor o el Celta, el Málaga no ha dado señales de un juego coherente ni firme. Desprovisto de variantes ofensivas y con una serie de habituales despistes -cada vez menos- en la retaguardia. Distinto hubiera sido este primer tramo de temporada con otro portero bajo palos. Roberto fue lo único realmente positivo de 2017.

Así Míchel tiene tarea por delante. Armar de nuevo a su equipo de una fe cada vez más cara y de un plan perfecto sobre el tapete verde para intentar borrar ese 11 de 51 que sobrevuela La Rosaleda y que invita al descenso. Decidió quedarse, pese a la contracorriente y el ruido cada vez más audible por parte de la afición con su destitución.

El otro frente es el de Mario Husillos. Ayer se abrió oficialmente el mercado de fichajes invernal. Dispone de un mes el argentino para arreglar la planificación tan desacertada de la terna formada por Arnau, Al-Thani y Míchel. Con Ignasi Miquel e Iturra tapó las fugas más urgentes que tenía el equipo, aunque ambos parecen una solución catalogada de parche.

Con la opción de Sandro siempre complicada, y con la tarea pendiente de aligerar el armario -se busca acomodo a Cifu, Cengo, Jony y posiblemente a En-Nesyri u Ontiveros-, el director deportivo blanquiazul tiene puesto el punto de mira en otro centrocampista que mejoré lo que ya ofrecen Recio, Adrián, Kuzmanovic, Rolón e Iturra y hasta dos jugadores ofensivos, ya que preocupa en Martiricos la situación de Diego Rolan con su talón de Aquiles. Mucho que hacer en este 2018.

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