Una zurda, un corazón

  • Duda deja el Málaga siendo el jugador que más veces vistió la blanquiazul (348)

  • Se marcha el tercer máximo goleador desde la refundación

  • "Aquí pasé la mejor parte de mi vida", aseguró

Duda posa con su familia en La Rosaleda Duda posa con su familia en La Rosaleda

Duda posa con su familia en La Rosaleda / Javier Albiñana

El pecho del malaguismo late más lento tras cinco días de reconocimientos y despedidas. Encogido, agazapado. Tal y como se cuadraban los defensas a lo largo de estos 13 años frente a Duda. A expensas de lo que su zurda hechicera, de época, decidiera qué hacer. A lomos de esa banda siniestra subsistió el Málaga durante varios años, gracias a ese guante mantuvo la categoría hasta llegar a la Champions. Ayer, Duda entonó un fado a lo malaguita con ese acento tan suyo. Se va, con honores, el eterno 17.

Lo hizo en una sala de prensa repleta, con sus queridos Pichitas actuando de improvisados guardaespaldas. Así lo quiso Duda, un hombre de club. El que se fue para volver, pero siempre estuvo. Tragó más saliva que lagrimas secó, todo lo contrario que su mujer Arancha y sus cuatro hijas, emocionadas con cada balbuceo del portugués. Dijo adiós, o más bien hasta pronto, de forma sencilla y certera, como su fútbol.

Bombeó palabras como balones supo mandar a la red. Como en su primer gol, al Espanyol, en aquel día de Reyes de 2002. Como el último, el que certificó una remontada ante el Athletic que llevó su nombre. Como los dos al Anderlecht o como su última falta directa, raseando la bola en la casa del Levante. 348 oficiales, el que más en todas las versiones conocidas del Málaga. Más de 20.000 minutos y 38 goles contemplan 13 años de zurdazos.

Pero el DNI pesa demasiado y los casi 37 años del portugués son una losa demasiado pesada para un proyecto a renovar. "El club tiene una planificación y me ha dicho que no cuenta conmigo, respeto todo lo que me han dicho", señaló de forma sincera Duda. Ahora se le abre un nuevo sendero que a él le gustaría continuar sobre el césped, en una última aventura, aunque siempre mirando hacia casa: "Seguiré de una forma o de otra vinculado a este club, ahora o en el futuro".

Se marcha un tipo pasional y lo hace con 87 amarillas y ocho expulsiones a sus espaldas. Siempre apretando, mordiendo, marcando territorio. Datos que dibujan lo que fue Duda para el Málaga de los vaivenes, que pudieron ser insostenibles si no aparece Duda con aquel toque sutil frente al Madrid, en la última jornada, como en su despedida. "Me voy con la felicidad de haber puesto mi granito de arena en el crecimiento de este club, con mucho orgullo de verlo pelear en Europa", afirmó.

No sólo lo vio, sino que lo peleó. Lo combatió hasta Dortmund, despiadado recuerdo para todos. Aquel día, Pellegrini sorprendió a propios dando la batuta a Duda. En el recuerdo quedará aquella carrera junto a Joaquín, en la celebración del 0-1. Fueron los años dorados para su Málaga y para él, un futbolista atípico de los que no se divierte viendo un partido.

"Me voy feliz de esta afición, de cómo disfruta. De este equipo, consolidado en Primera", desgranaba con la emoción contenido Duda, añadiendo que "siempre estaré agradecido porque el Málaga me dio la oportunidad de jugar en la mejor liga del mundo", además de la opción de convertirse en mundialista con su combinado nacional.

Muy atrás queda aquel pipiolo portugués que aterrizó en un Málaga sin hueco. De ahí su cesión al Levante, regresando para que Juande le pusiera en órbita. Lateral, interior, extremo y hasta mediocentro. Duda jugó de todo, acaparando tanto críticas como elogios, pero siempre buscando el beneficio del equipo: "Son muchos los años y las emociones desde que llegué hace 17 años... Un número muy bonito".

Duda colmó su comparecencia de agradecimientos. A "lo mejor que tengo", su mujer Arancha y sus hijas. También a directivos, entrenadores, compañeros o personal de los servicios médicos. Todos tuvieron su espacio. "Agradezco todo el apoyo diario que necesita un futbolista", apostilló.

La zurda del Málaga pasará a ser un icono, un patrimonio del malaguismo. La línea de cal, la banda de Duda. Al menos, el portugués podrá despedirse (Míchel mediante) sobre el césped de La Rosaleda: "El domingo será mi último partido como jugador del Málaga, hay que seguir el camino y dar las gracias por haber contado conmigo estos años".

Cerró otra emotiva mañana un vídeo que repasó su vida en el Málaga. Los abrazos se multiplicaron y uno, el que se dio con Weligton, certificó que el brazalete se queda huérfano. En busca de un dueño que lo proteja como hizo Duda, contra viento y marea. El coraje del eterno 17 se apropió de toda una generación de malaguistas, que ahora sólo pueden ponerse en pie para decir adiós a un símbolo: "Soy malaguista, un malagueño más". Que vuelvas pronto, capitán.

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