Del sinfonismo español

  • Temes graba con la Orquesta de Córdoba las sinfonías de Ramón Garay, asturiano que fue maestro de capilla en Jaén

Garay: Sinfonías.Orquesta de Córdoba. José Luis Temes Verso (3 CD) (Diverdi)

El director José Luis Temes (Madrid, 1956) se ha convertido en los últimos años en el gran rescatador del repertorio sinfónico español de los siglos XIX y XX. Nombres como los de Emilio Lehmberg, José Muñoz Molleda, Fernando Remacha, Ángel Arteaga, María Teresa Prieto, Gerardo Gombau, Manuel Ángulo, Julio Gómez, Enrique Fernández Arbós, Evaristo Fernández Blanco, Manuel Manrique de Lara, Arturo Dúo Vital o Luis de los Cobos han conocido merced a sus grabaciones una difusión con la que hace solo cinco años no podía ni soñarse.

Ahora, Temes da un paso atrás (sólo en el tiempo) para acercarse a la figura del asturiano Ramón Garay (Avilés, 1761 - Jaén, 1823), maestro de capilla de la catedral de Jaén durante los 36 últimos años de su vida. El archivo del templo jiennense conserva prácticamente toda su obra, unas trescientas composiciones, la mayoría por supuesto religiosas, aunque faltan las piezas de órgano (que sin duda compuso, pues trabajó como organista) y llaman la atención tanto un conjunto de diez sinfonías como un acercamiento al género operístico, Compendio sucinto de la Revolución Española, curioso ejercicio alegórico sobre la Guerra de la Independencia que rescató hace unos años el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza gracias al trabajo del musicólogo Pedro Jiménez Cavallé, quien está también detrás de la recuperación de estas sinfonías que Temes presenta con uno de los conjuntos con los que más ha trabajado, la Orquesta de Córdoba.

Garay escribió sus sinfonías sin propósito conocido en tres etapas distintas de su estancia andaluza: las seis primeras datan de los años 1790-91, la séptima de 1797 y las tres últimas de 1817. Las obras siguen el esquema haydniano en cuatro movimientos (salvo la , que está en tres e incluye una parte de violín obligado) que sin duda el compositor aprendió de su paso entre 1785 y 1787 por la madrileña capilla musical de la condesa de Benavente, que estaba a la última de las novedades musicales de Europa. La instrumentación se corresponde también con los hábitos de la escuela clásica vienesa: dos oboes y dos trompas más la cuerda (salvo la nº5, que sustituye los oboes por flautas). En las obras tardías se añaden además dos clarinetes y un fagot, aunque Garay parecía ignorar la evolución del género (no hay reflejo de los logros beethovenianos). Es música de indudable interés histórico, que Temes y los maestros cordobeses defienden con suficiencia, aunque es posible que este repertorio sería mejor resuelto por un conjunto de instrumentos de época, como la Orquesta Barroca de Sevilla, que tuvo al inicio de su trayectoria (1995-96) un contacto intenso con estas obras (llegó a grabar algunas de las sinfonías, registro nunca publicado) y que está a punto de editar un disco con música de otro sinfonista español del XVIII, Carlos Baguer.

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