Francia La expulsión de gitanos, la crisis económica o el caso L'Oréal son puntos negros en la política gala

Sarkozy no levanta cabeza

  • Mientras el mandatario francés busca recuperar la confianza de aquellos a los que ha decepcionado, sus principales rivales para la Presidencia toman posiciones

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El presidente francés, Nicolas Sarkozy, afronta sondeos desfavorables, tensiones sociales y un aluvión de críticas internacionales por medidas como la expulsión de gitanos o su proyecto de reforma de las jubilaciones. Todo ello en un marco de bajo crecimiento económico.

Según dos sondeos divulgados el último miércoles de agosto, un 62% de los franceses no desea que Sarkozy vuelva a presentarse en la elecciones presidenciales de 2012, donde de todos modos sería ampliamente derrotado por la socialista Martine Aubry o por el también socialista Dominique Strauss-Kahn, actual director del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Para el politólogo Philippe Braud, el "estilo" del mandatario "exaspera extraordinariamente" a sus conciudadanos, mientras que el también experto Stephane Rozes, subrayó "la paradójica" situación de Francia, "que resiste relativamente bien ante la crisis económica", pero cuyo presidente afronta una "crisis moral".

Así las cosas, se avecinan tiempos difíciles para el presidente galo. Gitanos, jubilaciones o la multimillonaria Bettencourt. No son pocos los temas que pueden hacer explotar los titulares de la política.

Además, en Francia ya hace tiempo que comenzó la campaña electoral extraoficial de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Los rivales del actual mandatario se preparan para tomar partido, mientras el propio Sarkozy se ve ante una creciente presión puesto que debe evitar amargar a su tradicional electorado e intentar volver a ganarse la confianza de aquellos a quienes ha decepcionado.

Antes de partir de vacaciones, Sarkozy se despidió anunciando medidas que darían de qué hablar. Al afirmar que actuaría más decididamente en contra de los gitanos vinculados con la criminalidad desató un acalorado debate de verano.

Mientras él y su mujer, Carla Bruni, paseaban por las costas del Mediterráneo, su ministro del Interior, Brice Hortefeux, tuvo que vérselas para enviar a gitanos de etnia roma que se habían afincado en campamentos en territorio francés de regreso a sus países de origen, Bulgaria y Rumanía.

Francia insistía en que todo el operativo se estaba llevando adelante de manera correcta, que los repatriados viajaban de regreso de forma voluntaria y que además se les daba 300 euros como recompensa.

Sin embargo, la crítica a nivel internacional se hizo oír, incluso hubo quienes compararon el operativo con las deportaciones nazis y hasta el papa Benedicto XVI salió a opinar.

Probablemente Sarkozy contaba con que habría posturas críticas a la medida, pero seguramente no esperaba que alcanzasen semejante tono. Ahora el presidente no se puede permitir dar marcha atrás, a pesar de que en este último tiempo el debate en torno a los gitanos parece haberle traído más dolores de cabeza políticos que aplausos. Y eso no es todo.

Existe un importante nexo entre la reforma de las jubilaciones y el affaire de L'Oréal. El punto en común es el actual ministro de Trabajo, Eric Woerth, de quien se espera que saque adelante los planes de reforma impulsados por Sarkozy.

En primer lugar, Woerth tuvo que lograr que la sociedad francesa se despidiera de la jubilación a los 60 años, hasta ahora intocable. Sin embargo, desde que se vio involucrado en escándalos de evasión fiscal y donaciones políticas, su imagen, a pesar de los desmentidos, se ha visto severamente dañada.

Woerth no es el único que tiembla al pensar sobre su futuro en el nuevo gabinete. Sarkozy ya anunció que durante el último año de su actual mandato trabajará con un equipo mucho más reducido.

Otros de los que podrían ser desplazados de la nueva formación serían el ministro de Exteriores, Bernard Kouchner, y las dos secretarias de Estado Fadela Amara y Rama Yade.

En su momento, estos tres funcionarios fueron desde la perspectiva del presidente galo todo un símbolo de apertura y diversidad. Sin embargo, a estas alturas, y con las próximas elecciones presidenciales de 2012 a la vuelta de la esquina, no hay tiempo que perder con amabilidades de este estilo.

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