El iraq actual Estudios muestran que los problemas psicológicos de los militares aumentan con el número de destinos

Traumas, estrés, hastío, depresión...

  • El 20% de los soldados estadounidenses desplegados en Iraq regresan afectados por el síndrome postraumático

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En el polvo infinito del desierto iraquí, los ataques de Al Qaeda y demás rebeldes no son los únicos enemigos de los GI's estadounidenses (marines). Traumas del combate -hastío, estrés, depresión y tensiones familiares- no cesan de acumularse, a veces hasta llegar al drama.

Al amanecer del 14 de septiembre, en una base del sur de Bagdad, el sargento Joseph Bozicevich mató con su pistola ametralladora M4 al sargento jefe Darris Dawson, de 24 años, y al sargento Wesley Durbin, de 26.

Según varios medios estadounidenses, Bozicevich, de 39 años, no soportaba que sus dos jóvenes superiores le hicieran observaciones sobre su trabajo.

Poco tiempo antes, Darris Dawson había hablado por teléfono con su suegra, Maxine Mathis. Según refirió ésta a un diario de Pensacola (Florida), le contó que le daba menos miedo el enemigo que "nuestros jóvenes de aquí, porque están nerviosos de verdad y fácimente aprietan el gatillo".

El 18 de septiembre, un soldado norteamericano de 23 años fue condenado por una corte marcial norteamericana en Alemania a siete meses de cárcel por su papel en el asesinato de cuatro detenidos iraquíes en 2007.

El Ejército estadounidense también debe decidir las próximas semanas si comparecen ante una corte marcial el teniente Michael Behenna y el sargento Hal Warner, acusados también de la muerte de un preso iraquí.

Los dos hombres, presuntos inocentes hasta el momento del veredicto, fueron abrumados con los testimonios de soldados de sus secciones, interrogados en septiembre.

Según ellos, Behenna mató al detenido para vengarse de un ataque que costó la vida a dos de sus hombres un mes antes.

La audición permitió desvelar las tensiones generadas en la sección por el presunto homicidio. "Ya no sabía ni qué hacer. Tenía miedo, como puedes tener cuando no controlas parte de la situación", declaró al tribunal uno de los adjuntos de Behenna, el sargento Milton Sánchez, un hombre experimentado.

"El asunto parece claro, un caso clásico de síndrome de estrés postraumático (Post traumatic stress disorder, o PTSD) después del ataque con bomba", indicó un oficial norteamericano que requirió anonimato. "Los soldados jóvenes tienen a veces tanta presión que acaban estallando", estimó.

El PTSD se manifiesta con reacciones exageradas (estrés, tensión, cólera) o pesadillas.

"Sabemos que el estrés de la guerra, que incluye misiones largas y repetidas, afecta a nuestros soldados", admite el coronel Elspeth Cameron-Ritchie, psiquiatra del departamento médico del Ejército norteamericano.

Un 20% de soldados estadounidenses desplegados en Iraq regresan afectados por el PTSD, según fuentes concordantes. La evolución del número de suicidios también inquieta, como los divorcios, consecuencia entre otras razones del alejamiento y del tiempo de las misiones que alimentan las tensiones familiares.

Los estudios militares muestran que los problemas psicológicos de los soldados crecen con el número de destinos, un aspecto importante teniendo en cuenta la prolongación de las guerras en Afganistán e Iraq. Ello condujo al Gobierno de Bush, que había alargado las misiones a 15 meses en 2007, a recortarla a un año.

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