Animalario resucita la "pesadilla cómica" de Harold Pinter

  • Alberto San Juan y Guillermo Toledo protagonizan desde mañana en las naves del Matadero 'El montaplatos', una reflexión irónica sobre la servidumbre y el poder

La compañía Animalario recupera la obra de Harold Pinter El montaplatos, una "pesadilla cómica" en la que el autor sublima su obsesión por los juegos de poder y los espacios cerrados que revive mañana jueves en el Matadero de Madrid con Alberto San Juan y Guillermo Toledo bajo la aguda batuta de Andrés Lima.

La compañía, que salta con facilidad de los textos originales al repertorio de grandes autores, se rinde "por gusto y por necesidad" al texto de Pinter, una "historia absurda de obediencia y servidumbre", resumió ayer Andrés Lima, ganador de tres premios Max que hace doblete en Madrid con Elling.

El montaplatos se basta con dos hombres encerrados en un sótano, San Juan y Toledo, que irán desgastando sus relaciones "hasta el grado del histerismo" mientras llegan órdenes de exóticos menús a través del mecanismo que da título a la obra. "Son dos personas acostumbradas a la violencia y es una reflexión sobre la posibilidad o la no posibilidad de amistad, solidaridad o rebelión. Hay un trasfondo bíblico importante, como si fueran Caín y Abel", subrayó el también director de Urtain.

Mientras se produce la degradación humana, El montaplatos, tercer protagonista de la obra, sigue implacable en su mutismo. "Podría ser tu jefe, el Papa, el presidente, Dios, tu mujer, tu marido o tu padre", aseveró Lima. O quizá el miedo a la muerte. "Al final son dos hombres con la tremenda angustia, tensión y miedo a la muerte y cómo lo ocultan. Es una metáfora de la vida humana, en la que la única salida para eso es reírse", prosiguió. Y su apuesta escénica es "hacer sentir al espectador en ese zulo, ese sótano misterioso y mortal".

El gusto por esta obra -que estará en cartel hasta el 11 de marzo en la sala 2 de las Naves del Español- viene por la modernidad del texto de Pinter, del que Lima considera "deudora" a sus compañeros de generación. "Es más irónico y más ácido que Chejov", aseguró el director, y "siempre" se ríe de nosotros porque en el fondo somos "todos tontos", prosiguió sobre una obra que, no en vano, en una traducción literal del inglés se titularía El camarero tonto.

Pinter, ganador del premio Nobel de Literatura en 2005 y experto, en obras como ésta o The Room, en encerrar a sus personajes entre cuatro paredes y llevarlos al límite, era muy hábil en exprimir tensión a través de los silencios. Y en una sociedad de frenesí, nunca está de más recurrir a "la famosa pausa pinteriana", aunque Lima la ha evitado en la medida de lo posible para no caer en exceso "en la solemnidad".

Alberto San Juan fue quien propuso a Lima la idea de hacer un montaje de esta obra al sentirse atraído por una relación humana en la obra que le hacía buscar "no la caricatura ni el personaje, sino la persona. Lo que pasa es que las personas pueden no expresar nada o hacerlo de forma descontrolada", explica. "La idea es que todo sea más cómico cuanto más dramático y más dramático cuanto más cómico", resumió San Juan.

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