Antonio Gala rescata la virtud comunicativa de la creación

  • El escritor cordobés ofreció ayer una conferencia en el Ayuntamiento dentro del ciclo 'El escritor y su obra' · Sin embargo, su discurso se detuvo en palabras como "patria" y "sistema circulatorio"

Enemigo del efecto mediático y cercano al susurro, Antonio Gala se posiciona con su predicado como quien marca territorio. Ayer se acercó al Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga para alejarse en el tiempo y remontarse a los orígenes del verbo. Con la palabra como "sistema circulatorio" el cordobés acudió al ciclo El escritor y su obra (promovido por el Instituto Municipal del Libro) para romper moldes y hablar de lo que mueve sus pasos: la creación y su virtud comunicativa.

Para su amigo Teodulfo Lagunero dejó los prolegómenos y el recorrido por su prolífica producción literaria como quien escucha hablar de un desconocido. Cuando le llegó su turno de palabra, Gala negó la mayor. "No tengo el menor deseo de hablar sino de contestar a vuestras preguntas", aseguró ante un abarrotado auditorio. Pero antes, el responsable de El manuscrito carmesí quiso abonar el terreno y detenerse en "lo que mejor define a un pueblo, el ludus antes que el fatum, el juego más que el destino, sus producciones recreativas más que las económicas", matizó.

El adjetivo preciso en el momento justo, sin ambages y con la crítica al alcance de la mano. "Vivimos en una sociedad que ya no adora al becerro de oro sino al oro del becerro, verdaderamente vergonzoso", lamentó Gala. Su debilidad por la sabiduría primigenia le valió para argumentar más de una opinión. "Los mercaderes han invadido el templo y cuando Jesús de Nazaret los echó a latigazos por algo sería", sostuvo. Y a sus maestros se remitió. "Confundir valor y precio a Antonio Machado ya le producía repeluco", advirtió.

Como antídoto a esa realidad, Gala defendió el verbo comunicar. "Resume casi todo lo que amo y necesito", sentenció. "¿Qué haría yo aquí sino vosotros", insistió desde el atril. Para el escritor, la mejor manifestación de diálogo se encuentra en el arte, "que no es más que un intento de ordenar el enorme caos de la vida".

Frente al imperativo de otros medios de expresión, Gala apostó, una vez más, por el arte de la palabra dicha. "El idioma es una patria", proclamó como lecho de vida. "Me alegra pensar que el castellano hablado, cuando llega al sur, se acomoda y cuando cruza el charco se tumba en una hamaca, ronca y duerme definitivamente", expresó sonriente. El artífice de La soledad sonora eligió hace años asentar su retiro en Alhaurín el Grande como "el solidario solitario" que un día acertó a definir su amigo Aranguren.

Premio Nacional de Literatura y Adonais de Poesía, el protagonista de la tarde recordó el impulso vital del escritor, poseedor de "una deformación profesional" "que sabe que lo natural es hablar y no escribir" y que su oficio "no es una vocación sino un destino". En comunión con sus compañeros de estilográfica, Gala confesó que el negro sobre blanco puede superar al autor. "Testificar acaba por cansarnos. Vivir es otra cosa", recordó.

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