Bolívar, bravo, cae herido y por fin entra en Las Ventas

  • Juan Bautista y David Fandila 'El Fandi' compiten en vulgaridad · Varios toros para el triunfo en un encierro con astados de Las Ramblas y Marqués de Domecq

La tarde, una vez más, transcurría envuelta en el desaliento. Saltó el sexto, un colorado, de respetables perchas, finalizadas en astifinas navajas. Luis Bolívar salió dispuesto a despertar al personal del sopor y, bravo y firme, consiguió el triunfo. Ya en el capote fue volteado por el animal, que lo arrolló al cerrar una media verónica. El colombiano, para evitar la cogida, se hizo el quite, haciendo la croqueta. Con la muleta, apostó fuerte, dando distancia y brillando en muletazos largos y de mano baja. El toro, exigente, sin llegar a descolgar, sabía lo que dejaba atrás y cuando el torero citaba le propinó un navajazo en la pantorrilla derecha. Tras levantarse, le hicieron un torniquete. El torero se justificó con la franela en la mano izquierda con un animal que se metía cada vez con más peligro. Bolívar se tiró a matar como un león y enterró el acero en una estocada entera que quedó desprendida. Con una oreja de ley, Bolívar, que continúa incrementado su cotización en Madrid, ingresó en la enfermería.

Por su parte, los matadores de toros Juan Bautista y David Fandila El Fandi compitieron en vulgaridad. El diestro francés estuvo vulgar con un lote de condiciones muy diferentes, pero válidas para el lucimiento. Con el noble, pero flojísimo primero, realizó una labor de enfermero, sin gustarse. Ante el noble cuarto, que se metía por el pitón derecho, citó mal colocado y no llegó a apostar de verdad en una faena en la que no llegó a imponerse al toro. El torero granadino, que cosechó las únicas ovaciones en banderillas, tercio en el que derrochó grandes dotes atléticas, pero no en el que no llegó a clavar ningún par en la cara. El par más meritorio fue el tercero a su primer toro, por los adentros. El toro, encastado, exigente, con motor en las embestidad en la muleta, era el típico toro que reclama la afición madrileña. Un toro para cortarle las dos orejas. El granadino comenzó con dos tandas buenas con la diestra. Todo fue un espejismo. Aquello se apagó pronto y, para colmo, la rúbrica fue una estocada que escupió el burel y un bajonazo. Con el quinto, un animal noble, que llegó justo de gasolina a la muleta, por el exigente tercio de banderillas, la labor de El Fandi, con muletazos por ambos pitones, no caló.

Un Bolívar que sigue cotizando al alza y que por fin ha entrado en Madrid consiguió levantar una tarde soporífera. Con hombría, agallas, torería y... su propia sangre conquistó un trofeo de los que dan crédito.

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