Charlie Miralles exhibe su vida en su primera novela

  • El escritor crea con mucho humor su relato autobiográfico

Charlie Miralles (Madrid, 1964) exhuma unos cuantos cadáveres y demonios en 1964 después de Cristo y antes de perder el autobús (Artime, 2008), una novela en la que sin cortarse un pelo cuenta su vida. La pala que ha utilizado es el humor, porque de otro modo no habría podido relatar los problemas con su familia, su caída en la violencia punk, la soledad del abuso de las drogas y la dura reconstrucción y salida del hoyo en el que él entró. "Cuando te pones a escribir, lo primero que te dicen es que no cuentes tu vida, todos creemos que nuestras vidas son de cine. Yo creía tener los ingredientes para que el lector pasara de la risa a la lágrima", cuenta Miralles, quien no ha utilizado el libro como ajuste de cuentas.

"Lo cuento todo, me desnudo por completo", reconoce Charlie Miralles sobre su sinceridad en 1964 después de Cristo y antes de perder el autobús. "He querido hacerlo real para que el lector se sienta identificado y se pregunte quién ha vivido esto", explica el debutante escritor sobre su intención.

La vida de Charlie Miralles ha bordeado el abismo en demasiadas ocasiones, y cuando por fin comenzó a vivir en la tranquilidad miró hacia atrás y él mismo se sorprendió: "Tenía muchas papeletas para no estar aquí".

Escribir 1964 después de Cristo y antes de perder el autobús no sólo ha sido duro, por contar sus devaneos con el mundo de los skinhead, sus adicciones y sus canalladas, sino que también fue un proceso largo: "Me llevó tres años de trabajo de fin de semana, robando tiempo al tiempo".

"Esto para mí no ha sido una terapia sino un ejercicio literario", confiesa Miralles, quien cree que el término "escritor me viene muy grande". Algo que le encanta son los diálogos, pero no son ficción sino recuerdo: "Yo tengo un problema, que las cosas las cuento. Así me quedo con ello, y no todos los días tienes un diálogo con la mafia o recibes una amenaza de muerte". Un ejemplo: "Papá, ya te lo he dicho. Me quiero quitar esa deuda cuanto antes y empezar desde cero en mi vida. Necesito que me dejes ese dinero. -¿Y no podemos pagarlo a plazos? -me preguntó volviéndose a sentar. Solté una tremenda carcajada. Fueron pocas las veces que me reí con él y ésta fue la mejor. -Papá, que son de la mafia, no de Caja Madrid".

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