Chema Lumbreras traslada sus “divertimentos” al centro de Málaga

  • El artista malagueño acaba de inaugurar en Moreno Monroy y Nicasio Calle dos instalaciones que reproducen su iconografía hombre-animal · El arquitecto José Oyarzábal ha encargado la intervención

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La obra de Chema Lumbreras rara vez pasa desapercibida. Acostumbrado a exhibir sus “divertimentos” antropomórficos entre cuatro paredes, el artista se enfrenta ahora a “toda una responsabilidad”. Dos instalaciones que llevan su firma forman parte desde ayer de la decoración urbana del centro de Málaga. En las calles Moreno Monroy y Nicasio Calle al viandante le interrumpen el paso unos simpáticos seres de bronce, a medio camino entre el animal y el hombre.

Un par de ellos sostienen como pueden un banco de madera, mientras que el resto cuelga de unos tubos, cual funambulistas, a modo de pórtico de la vía. La instalación forma parte del proyecto de remodelación de la céntrica zona encargado por el Ayuntamiento al arquitecto José Oyarzábal. Admirador de la capacidad creativa de Lumbreras, el experto no dudó en proponerle la intervención en la vía pública. “Le dije que actuara en total libertad”, recuerda. Y así lo hizo. Los 300 kilos de bronce que cuelgan de Moreno Monroy simulan un conejo “cansado de correr”, acompañado de un ratón, un cerdito , una rana, una mujer y un hombre que juegan al engaño y a conseguir detener, por unos segundos la acelerada mirada del transeúnte.

A pocos metros, en dirección a calle Larios, irrumpen un conejo y un ratón separados por un banco de madera tropical, “muy pesada y dura para minimizar el efecto de las agresiones externas”, explica Oyarzábal. Para su creador, el conejo simboliza “la falta de tiempo, la velocidad del mundo actual”, mientras que el ratón evoca “la muerte”. Acostumbrado a trabajar con hierro, piedra y, sobre todo, con materiales más efímeros como la pasta y el papel, el artista malagueño –habitual en la Alfredo Viñas–regresa ahora a la fundición en bronce para debutar en el campo de la escultura urbana. Un proyecto en el que ha trabajado con sus manos durante cinco meses, que llegó a sus oídos hace más de un año y que, “por complicaciones técnicas”, no se había podido materializar hasta ahora.

La intervención urbanística ideada por el arquitecto –que en un principio contemplaba también calle Fresca– se completa con una curiosa acción a las puertas del hotel Petit Palace en Nicasio Calle y que tiene su anecdotario histórico. Una suerte de discos de latón, a modo de monedas reproducen la rebelión de Don Nicasio, dueño del palacio a finales del siglo XIX, al ver que la calle Larios no iba a pasar por su inmueble. Por su parte, Oyarzábal repite con Lumbreras una experiencia similar a la llevada a cabo hace más de 20 años con las esculturas y fuentes de plaza Uncibay y calle Beatas, encargadas en este caso a José Seguiri.

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