Cicatrices en mayo

  • Aunque con desigual resultado, Niños Mutantes y Sidonie brindan argumentos en París 15 para el optimismo respecto al rock español

Un día abres los ojos y el futuro ha llegado. No lo has visto venir, pero ahí está. Sin avisar. Y se queda contigo, te guste o no. Es lo que hay, como cantan Niños Mutantes. Ellos recomiendan siempre dejar la puerta abierta, no cerrarla nunca del todo: en su opinión, el futuro es como un boomerang, que por muy lejos que lo quieras lanzar, siempre vuelve, siempre te alcanza. Así que mejor dejarla encajada y ver la luz por la rendija. Para afrontar lo que vendrá, pedir la cuenta y lavar el corazón. Y hablar, porque ya se sabe que las palabras no dichas siempre se terminan envenenando. También se puede coger la puerta y empezar en otra parte. La otra alternativa es aceptar que siempre serás un cobarde y, en ese futuro, todo pasará sin que tú decidas nada. Como un náufrago a la deriva. Un errante.

Son Niños Mutantes una banda que siempre ha apostado por el camino difícil, ese que supone mirar al futuro a los ojos. Forjarlo para que, cuando te lo encuentres, no te leves sorpresas. Es la opción que te obliga a decidir, a elegir, a quedarte con unas cosas y desechar otras. Es lo que ha permitido a estos granadinos seguir al pié del cañón veinte años después, ser una referencia de la música española que las nuevas bandas no deben perder de vista. Porque aunque la vela no sople, Niños Mutantes siempre navegan hacia delante. Lo sabe apreciar su público, escaso en la noche del pasado viernes en la Sala París 15 -no más de 400 personas-, pero fiel y agradecido. Como un buen hincha del Atleti.

La banda de Juan Alberto Martínez presentó un buen ramillete de canciones de su nuevo disco, El futuro, con sonidos y letras característicamente mutantes como Hermana mía o Sto. Domingo, pero también con rarezas y gustazos para disfrutar con vistas al mar, donde destaca Barronal, de aires tan playeros como su propio nombre. Temas con los que, entremezclados con sus mayores éxitos, completaron, una vez más, un muy buen concierto. Dejando claro que, aunque sean asiduos en los escenarios de Málaga, es una suerte tenerlos cerca. Nunca son erráticos. Aplaudamos además su humildad, su omisión de las estridencias.

Con mucho más ruido llegan siempre los catalanes Sidonie, encargados el viernes pasado de abrir el doble concierto nocturno. Costa Azul para arrancar y un frenético repaso de sus éxitos para, luego, entrar de lleno en su nuevo disco, Sierra y Canadá, que ya adelantaron a cuentagotas hace un par de meses en su actuación en el Albéniz para abrir el MAF (el ciclo previo a la pasada edición del Festival de Cine Español de Málaga). Quizás no fue el mejor concierto de la banda, pero si algo se les puede agradecer es que con este último trabajo dan un giro de tuerca a su sonido, que se vuelve más brit y electrónico, que recuerda a los inicios de conjuntos británicos como Oasis o Blur. Y bueno, que, si hay ganas de bailar, Sidonie lo ponen fácil. Incluso cuando se atreven con una versión de Video killed the radio star.

Y bailar es bueno. Y sonreír. Y mirar hacia delante. Y qué mejor que hacerlo en mayo, cuando, aseguran Niños Mutantes, mejor se curan las cicatrices. El futuro ha llegado y el mes se acerca a su ecuador, así que quizás sea hora de sacarlo todo. Aunque sea con un nudo en la garganta. Aunque sea para decir no puedo más contigo. Tienen claro los granadinos que algún día nos reiremos de esto. Y, probablemente, de todo. Mirar hacia atrás es lo que tiene. Aunque duela saber que el mundo no se para. También insisten los Niños Mutantes en que, pase lo que pase, siempre nos quedará la música. Elegimos: que sea la suya, por favor. Así el futuro nos encontrará preparados.

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