Cierre usted los ojos y dígame si son Los Planetas

Ayer salí con ganas de ver a Los Planetas. Pero fue por culpa de la gente. Mucho acento granadino entre el público. Y gafas de pasta, camisetas a rayas, chapitas en la solapa. También por la sala, la Vivero, que te hace casi viajar a La Copera. Y un grupo, Lori Meyers, que tiene ese sonido que te hace recordar los mejores conciertos de Los Planetas en su tierra (hagan una lista de canciones que parecen sonar igual que el inicio de El secreto mejor guardado, es inmensa. Y no hablemos del estribillo).

Pero estos chicos aportan otra cosa. Otro rollo. Desde un cantante, Noni, que se mueve bastante más que J y que muestra mucha más simpatía por sus seguidores, hasta la intensidad de las dos baterías con las que reventaron la sala malagueña; como siempre hacía Erik.

El concierto fue correcto. Con Alejandro como voz principal en un par de temas y Noni siempre entregado a su piano y a su guitarra, que terminó desafinando a golpes. Repasaron algunos de sus éxitos como Tokio ya no nos quiere o Dilema, pero también desgranaron su tercer disco, Cronolánea (Universal, 2008), con platos fuertes como Luciérnagas y mariposas o Copa para dos. Fue corto pero intenso. Aunque quizás el bis fue cuando consiguieron ganarse a un público entregado ya de por sí y que se sabía todas y cada una de la letras del Cronolánea. Fue ahí, al final, con su antiguo éxito Viaje de estudios cuando mostraron su lado más duro y se vaciaron para agradar a sus fans.

Tiene Lori Meyers un sonido directo rotundo, muy rockero a pesar de sus tendencias poperas. Mucho guitarreo -sobre todo al final- pero también un bajo que se deja notar, y mucho. Recuerdan a Los Brincos, sí; pero también, insisto, hay momentos en los que se podían cerrar los ojos y, durante el inicio de cualquier canción, empezar a cantar las letras de Los Planetas. Me quedé con ganas de verlos. Pero repetiría con Lori Meyers. Eso sí, siempre que vengan con más tranquilidad, más relajados, sin prisas por irse y acabar el concierto en poco más de una hora. Se necesita tiempo para saborear su música.

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