David Trueba reivindica las pequeñas derrotas en su última novela

  • 'Saber perder' (Anagrama) es el regreso literario del escritor, actor y cineasta, que no había publicado nada desde la lejana, hace ya nueve años, 'Cuatro amigos'

El escritor, actor y cineasta David Trueba reivindica la lección de las pequeñas derrotas cotidianas en su última novela Saber perder (Anagrama), y lamenta que en la actualidad se imponga el baremo deportivo que obliga a ganar siempre para calibrar el éxito y la felicidad.

Trueba, quien nunca empieza a escribir sin tener un título, ha afirmado: "Es un error medir muchas facetas de la vida con baremos deportivos. Me fastidia que se hayan impuesto. La vida tiene un final que no se parece a la medalla olímpica".

David Trueba presentó ayer en Barcelona su tercera novela, Saber perder, el relato de las historias cruzadas de cuatro personajes en el que adopta la posición "fría" de narrador, aunque aderezada con su habitual ironía y sentido del humor para reivindicar la "aventura de vivir".

Para el escritor, que vuelve a publicar, siempre con Anagrama, nueve años después de Cuatro amigos, "vivimos en una época en que el triunfo y la fama se sobrevaloran e incluso se miran como algo perfecto". El novelista, que no ha dudado en comparar el itinerario vital de un ser humano con el de un automóvil, que irremediablemente acaba en el desguace, ha asegurado que le interesa "más la supervivencia que el triunfo".

David Trueba explicó que cuando escribe busca la complicidad del lector y pretende que mientras dure el efecto de la lectura del libro "tenga la sensación de que los personajes existen". "Perturbar es casi siempre más interesante que masturbar", sentenció en uno de sus frecuentes y agudos comentarios, en los que no evitó referirse a la campaña electoral y criticó que "a los políticos se les olvida que perder es muy importante" y nunca hablen de lo que pueden hacer si pierden.

Dos de los cuatro protagonistas de Saber perder son Sylvia, que cumple dieciséis años el día en que comienza la novela, y su padre, Lorenzo, un hombre separado que trata de superar el abandono de su mujer y su fracaso laboral. Los otros dos protagonistas son Ariel Burano, un joven jugador de fútbol que deja Buenos Aires para fichar por un equipo español y con quien la adolescente empieza a jugar en la "gran liga", y el abuelo de Sylvia, Leandro, un anciano profesor de piano que vive en esa época en la que casi todo se derrumba.

En toda la novela está muy presente una doble lectura de los personajes basada en cómo nos consideran los demás y lo que es cada uno porque el autor confiesa: "me atrae mucho el juicio y el contra juicio".

El cineasta y escritor ha proyectado en el anciano profesor de piano el viejo que le gustaría ser porque "los viejos son los únicos que pueden hacer lo que quieran. Se tiran sin paracaídas" y ha agregado: "las personas más juveniles que conozco son viejos". A Trueba le gustan "los viejos vivos, no los viejos aspirantes a museo" y recordó que de niño se acostumbró a hablar con ancianos.

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