Eterno retorno

Alan Moore, Neil Gaiman, Dave Gibbons, etc. Panini. 232 páginas. 30 euros.

Para recomendar ciertos libros basta con repasar el índice. Este es el caso de Spirit: Las nuevas aventuras. Compilados aquí van los ocho números de la miniserie Spirit: The New Adventures (1998), la serie de Kitchen Sink Press que puso en manos de autores contemporáneos la famosa criatura creada en 1940 por Will Eisner. Y entre los equipos creativos de este primer volumen se encuentran los siguientes -ya verán cómo les suena algún nombre-: Alan Moore y Dave Gibbons, Neil Gaiman y Eddie Campbell, John Wagner y Carlos Ezquerra, Kurt Busiek y Brent Anderson. Pero es que la nómina incluye también páginas de Daniel Torres, Michael Allred, David Lloyd, Scott Hampton, Paul Chadwick y Paul Pope, entre tantos y tantos fenomenales artistas. (Ah, y va también una curiosa ilustración de Moebius.)

The Spirit es uno de los hitos del cómic, y bien es cierto que en su confección, allá por mediados del siglo XX, participaron diversos artistas -de la talla de Bob Powell, Jack Cole, Jules Feiffer, Lou Fine o Wally Wood-, especialmente en los años en los que Eisner se ausentó del tablero por aquello de la Segunda Guerra Mundial, pero también a causa de la naturaleza del sistema productivo de la época. Sin embargo, la serie siempre mantuvo la intención y la poética original de Eisner. De modo que este tuvo primero sus dudas a la hora de permitir que otros pusieran sus manos en la tarta, aunque acabó alentando el juego. Tal como explica Denis Kitchen en su texto de presentación: "Aparte de unas pocas reglas sencillas (así, por ejemplo, The Spirit no puede morir, ni casarse), Will dio carta blanca a los guionistas y dibujantes que colaboraron en la serie. Disuadió a los artistas de que imitaran sus estilo y los animó a preservar el suyo propio, por particular que fuera".

Creo que fue por fortuna que Eisner puso su personaje en manos de Moore y compañía, pues estas nuevas aventuras no restan ni un ápice de importancia al trabajo original, y sí suman visibilidad y matices inesperados al justiciero Denny Colt y su mundo; amén, claro está, de un conjunto de soberbias historietas.

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