Fallece Maurice André, uno de los mejores trompetistas clásicos

  • El músico, que dejó más de 300 grabaciones murió el pasado sábado a los 78 años

El francés Maurice André, considerado uno de los mejores trompetistas de música clásica del mundo, falleció la noche del pasado sábado a los 78 años en Bayona, informaron ayer los medios galos. André, que durante su dilatada carrera viajó por todo el mundo y tocó con los más grandes directores y orquestas, había nacido en 1933 en Alés, en el seno de una familia minera, y fue introducido en la música por su padre, aficionado al mismo instrumento.

Durante su adolescencia se vio obligado a trabajar en la mina, pero alternó esa labor con clases de música y a los 18 años consiguió ingresar en una banda militar y obtener una beca para estudiar en el Conservatorio de París.

Tras seis meses de dedicación en ese centro ganó su primer premio en el concurso de cornetas y para 1953 logró alzarse con el máximo galardón de trompeta, lo que le supuso el comienzo de una ascensión imparable desde entonces.

"Dios le puso un don excepcional para la música entre las manos; su padre le dio la trompeta; la mina, la fuerza y los valores morales, Léon Barthélémy vio en él prodigio y le formó, y finalmente su mujer, Liliane, le acompañó y sostuvo toda su carrera", dijo sobre él el compositor Jan Leontsky, en declaraciones recogidas en su página oficial.

En 1955 obtuvo el primer premio en la Competición Internacional de Ginebra y en 1963 en la de Múnich, y por su trabajo, su pasión y su curiosidad insaciables se dijo de André que ennobleció la trompeta, un instrumento del que ha dejado más de 300 grabaciones y para el que adaptó obras para violín, oboe y otros instrumentos.

"Mi éxito se lo debo en un 60% al talento y en un 40% al trabajo. Incluso trabajando como un loco y como se debe, ello no sirve de nada si no se tiene talento", llegó a decir André, que se declaraba reacio a la música contemporánea por considerarla "un ruido" que le recordaba demasiado a la mina.

A principios de los 90 el trompetista abandonó París y fijó su residencia en el País Vasco francés, donde se retiró casi por completo del mundo de la interpretación y se centró en otra de sus pasiones, la escultura en madera.

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