Fernando Fernán-Gómez como fetiche para un rescate prolongado

  • 'Bruja, más que bruja' toma el relevo de 'El mundo sigue' en la Sesión Premium

Quienes asistieron el año pasado en el Festival de Málaga a la presentación de la reedición de El mundo sigue (1963), la considerada película maldita de Fernando Fernán-Gómez, devuelta a las salas y al formato doméstico en un acto de verdadera justicia, tuvieron la fortuna de asistir a una de esas (raras) ocasiones en que el certamen permite la reconciliación con el cine español, su tradición y su querencia. En el Museo Picasso se reunieron, moderados por Luis Alegre, José Sacristán, Fernando Trueba, Antonio Resines y una de las protagonistas del filme, Gemma Cuervo, quien recordó aquella película, con lágrimas ojos, como la oportunidad perdida para llevar adelante la carrera en el cine con la que siempre soñó y que nunca tuvo. La memoria de Fernando Fernán-Gómez, a quien Sacristán reivindicó aquella tarde como "la personalidad más importante de la cultura española de todos los tiempos", y quien fue objeto de homenaje en la primera edición del Festival de Málaga, quedó así debidamente prendida y excitada. Ahora, en la edición de 2016, el director de El viaje a ninguna parte mantiene su idilio con el certamen, adoptado como feliz fetiche y emblema, con la película que tomará el relevo a El mundo sigue en la denominada Sesión Premium: se trata de Bruja, más que bruja, realizada en 1977 y protagonizada por Francisco Algora (que tendrá su tributo en Málaga tras su reciente fallecimiento), Emma Cohen, Mary Santpere, el mismo Fernando Fernán Gómez y Estela Delgado. La cinta será igualmente objeto de restauración, reestreno y reedición y también protagonista de otro encuentro en el Museo Picasso con participantes de similar calibre (según apuntan desde la organización del festival) al del año pasado. En todo caso, si Fernán-Gómez ha regalado algunas de las mejores páginas del ciclo malagueño, su legado, siempre merecedor de rescate y actualización, parece dispuesto a mantener la tendencia. Y no hay más remedio que felicitarse por ello.

Estrenada también sin mucha pena y con poca gloria, Bruja más que bruja contiene todas las claves artísticas de su creador y sostiene, en su carácter de comedia negra, cercano a El extraño viaje, un mensaje no precisamente optimista respecto a aquella España que en el 77, repleta de miedos e incertidumbres, soñaba con la posibilidad de ser otra. Francisco Algora bordó uno de los papeles más importantes de su carrera al interpretar a un gañán tozudo y vivaracho dispuesto a asesinar a su tío y beneficiarse a su joven viuda, de la que anda prendado. Para ello decide contratar los servicios de una bruja lianta y mentirosa que complicará el plan hasta extremos indescriptibles. Bajo su apariencia ligera y desacomplejada, Bruja, más que bruja retrata a un país supersticioso y canalla, capaz de aliarse con el mismísimo Satanás para darse las satisfacciones que considere oportunas y sin muchas concesiones a la madurez. Lo oportuno será ver cuánto resuena de la película en el presente.

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