Filosofeitor o el fallido 'Intolerancia' de Amenábar

Drama histórico, España, 2009, 126 min. Dirección: Alejandro Amenábar. Guión: A. Amenábar y Mateo Gil. Intérpretes: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashraf Barhom, Michael Lonsdale, Rupert Evans. Fotografía: Xavi Giménez. Música: Dario Marianelli. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Cines: Málaga Nostrum, Larios, Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Al Ándalus, Alfil, Miramar, La Cañada, Gran Marbella, Plaza del Mar, Rincón, Ronda, El Ingenio.

Pretende adscribirse Ágora a la superproducción histórica que suma sustancia ideológica al espectáculo. Se suele decir que esta variante del colosal con mensaje nació con el Espartaco de Kirk Douglas (productor), Stanley Kubrick (director) y Dalton Trumbo (guionista adaptador de la novela de Howard Fast). El personaje histórico era un símbolo de la revuelta de los oprimidos que había dado nombre a movimientos revolucionarios como la Liga Espartaquista de Rosa Luxemburgo. Para Fast y Trumbo, izquierdistas perseguidos durante la Caza de Brujas, novela y guión eran un compromiso personal; para Douglas y Kubrick, pertenecientes a la izquierda liberal de Hollywood que acaban de crear la antibelicista Senderos de gloria, un compromiso ideológico. Pero el colosal con mensaje es mucho más antiguo. Su creador fue Griffith con Intolerancia (1916), monumental viaje a través del tiempo que cruzaba episodios en los que la libertad era aplastada.

Amenábar, que parece querer seguir los pasos de Griffith y Kubrick aunque carezca de las fuerzas creativas para hacerlo, ha escogido como escenario la Alejandría del siglo IV y como protagonista a Hypatia, la filósofa, matemática y astrónoma que vivió como una aristocrática virgen consagrada al conocimiento. Su muerte a manos de fanáticos cristianos la convirtió en el símbolo de un luminoso mundo clásico frente a un oscuro mundo cristiano, de la racionalidad frente a la irracionalidad religiosa y de la mujer masacrada por la misoginia cristiana. En este símbolo, más que en la historia, se inspira Amenábar para su simplificado retrato de Hypatia y su época. Destaca su asesinato por cristianos azuzados por el ambicioso Patriarca de Alejandría, lo que es cierto; pero no que tuvo seguidores cristianos entre los que destacó el obispo Sinesio de Cirene, que la llamaba "madre, hermana y maestra", es la primera fuente sobre ella y murió dos años antes de su asesinato, por lo que no pudo tomar parte en él. La representa como una mártir de la razón aplastada por el fanatismo religioso, lo que es cierto; pero elude las razones políticas que azuzaron ese fanatismo en un mundo convulso en que los cristianos se enfrentaban sobre todo entre ellos y en el que el perseguido cristianismo se convertía en perseguidor tras ser declarado religión imperial por Teodosio, último emperador que mantuvo unido el declinante Imperio. Al cine, arte y espectáculo, no hay que pedirle el rigor de la Historia. Pero ya que el propio Amenábar ha pretendido que su película sea vehículo de ideas y símbolo de conflictos presentes, estaba obligado a evitar tan groseras simplificaciones.

En cuanto al arte y al espectáculo, da una de cal y otra de arena. La cal la ponen el diseño de producción del especialista en superproducciones (desde Pearl Harbor a Superman Returns) Guy Dyas y el vestuario de Gabriella Pescucci (crecida con Fellini y Leone). La arena -desde el inicio planetario con fondo de la dichosa musiquita seudo étnica impuesta por los Gladiator y compañía- la pone el sometimiento a los estereotipos más facilones del actual cine americano; la absurda supeditación de los estupendos decorados volumétricos a los efectos digitales que los devalúan; y sobre todo la probada incapacidad de Amenábar para decir algo serio y emocionar a través de las imágenes. Costeada (aunque con regusto a plástico y Google Earth) pero superficial y tan fría como Rachel Weisz, Ágora es la obra de un artesano que se cree autor y se empeña en sacar agua del pozo seco de su creatividad.

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