Haworth-Booth destapa en el Picasso la esencia de Lee Miller

  • El historiador pronuncia hoy a las 20:00 una conferencia dedicada a la fotógrafa norteamericana, corresponsal de guerra, alumna de Man Ray y musa del siglo XX

Cuando recibió la orden de regresar a Estados Unidos desde la Embajada norteamericana en Inglaterra, la fotógrafa Lee Miller, que entonces residía en Londres junto a su marido, el artista Roland Penrose, aunque cubría como corresponsal la Segunda Guerra Mundial en Francia, Alemania y Austria, respondió: "He comido toda la mantequilla que he querido en Europa; ahora me toca enfrentarme a las armas". Así era Lee Miller (1907-1977), la fotógrafa norteamericana que con poco más de veinte años, cuando había conquistado como modelo la portada de Vogue, se presentó en el estudio parisino de Man Ray dispuesta a convertirse en la alumna y amante del maestro surrealista, lo que finalmente consiguió a pesar de la primera oposición del pope. Hoy a las 20:00 en el Museo Picasso Málaga, el historiador británico Mark Haworth-Booth pronunciará la conferencia Fotografiando al ser humano en el siglo XX: el caso de Lee Miller, en el marco de la muestra De lo humano. Fotografía internacional 1900-1950, que acoge la pinacoteca. El experto (cuyo último libro dedicado a Miller es candidato al Premio Kreuszna-Krausz, el Oscar de los libros sobre fotografía) recorrerá las líneas maestras de una vida apasionante que supo crear además un arte imprescindible.

Haworth-Booth destacó ayer en un encuentro con periodistas el carácter "ambicioso" de Miller, que le movió "a pasar de un lado de la cámara al otro: como modelo se había convertido en una diosa, y cuando llegó a Europa, siendo aún muy joven, pudo haberse casado con un millonario y haber llevado una vida tranquila; sin embargo, prefirió unirse con Man Ray para aprender". Como fotógrafa, Miller representa un caso "único" en el siglo XX "ya que practicó todos los géneros, el periodismo, la moda, los retratos y el surrealismo", una faceta que destacó especialmente. Su empeño la llevó a trabajar para Vogue como corresponsal de guerra, lo que le permitió conocer a Picasso en el París recién liberado. "Uno de sus retratos de Picasso sirvió de portada para Vogue, porque el mundo Picasso significaba la libertad creativa de Europa y si él no había muerto, la imaginación tampoco". Como muestra de su genio surrealista, sirva esta descripción de Man Ray: "nadaba como una máquina de escribir".

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