'Land art' o camino a perpetuidad

  • La tierra pisada de Richard Long, como creación de lo ya creado, en el CAC Otra asunción de la naturaleza en Juan del Junco Itinerancia y azar en las ciudades de Ángel Tornero

ALLAN Kaprow (Atlantic City, New Jersey, 1927-Encinitas, California, 2006) escribió que un pensamiento era tan valioso como una acción. Que el evangelizador del happening -como ese arte efímero que se niega a permanecer- afirmase esto tenía relación con su percepción de un mundo "repleto de actividades disponibles" que permitían que cada artista "firmase" seriamente, si se lo proponía y sin apenas hacer nada, "la tierra entera o cualquiera de sus partes". La práctica artística de Richard Long (Bristol, 1945) firma, de algún modo, esos pedazos de tierra que pisa, y debe asociarse igualmente a lo que Kaprow denominaba arte de Ideas o Sugestión literaria (a la sazón una de las seis categorías de happenings que el artista y teórico estableció a finales de los sesenta), arte que se expresa a través de escuetas anotaciones. Son los textos, así como las piezas arrancadas del espacio natural, los elementos fundamentales de Cold Stones, la selección que el CAC Málaga ha realizado de Long, en cartel hasta el 21 de agosto próximo. Ahora bien, más allá de la palabra enmarcada (Cuckoo Walk, 2014) o pegada en la pared con el vinilo como testimonio telegráfico de sus periplos, bien de un templo a otro (Crescent to cross, 2014), o en función del ciclo lunar, como sucede en Walking from a full moon to a new moon, Sierra Nevada (2009), la obra del británico oscila entre la llamada del land art (su ejecución, su registro visual y su desaparición) y un minimalismo expresivo al que la amplitud espacial siempre viene bien: es ahí donde adviene el recogimiento.

Circle for Sally (2016) es un mandala realizado a base de granito y mármol en el que se adivina una cruz compuesta de cumbres afiladas y pétreas. Tras la pared se halla otra pieza circular, más geometría sencilla pero con textura de madera, en este caso; se trata de Bark Circle (1993), corteza de una naturaleza que está lejos de ser vencida, que ladra a través de catástrofes atmosféricas y avisa de previsibles extinciones. A ambos lados del itinerario hay propuestas en las que Long se ha servido de distintas técnicas, como en Muddy Water Wall (2016), realizada ex profeso para el CAC. Intervención manual que ocupa toda la largura y anchura de un muro que asemeja una foresta lluviosa, dentro de una práctica viajera y artística donde el camino es crucial. Abrazando lo orgánico y lo temporal.

Hay, de hecho, toda una sala dedicada a rastrear los numerosos desplazamientos de Long. En obras primigenias -England y Ireland, las dos de 1967-, aparecen enigmas de campos desolados, neblinosos y surcados de círculos en el fango, como si fuesen huellas de aterrizajes no identificados. Esta sección documental, por así decirlo, de la exposición, se completa con fotografías de incursiones que han convertido al artista en buscador a perpetuidad, desde la Antártida de Schanz Glacier Stones (2012) al Karoo Crossing (2004), en tierras sudafricanas. Caminatas que implican la realización de una obra en el momento, carriles o señales de una acampada (Sleeping Place Mark, Spain, 1990). Acciones que, por lo demás, compartirán destino común: su desintegración en el paisaje.

La madera a la deriva es transformada en lienzos irregulares que Long emparenta con un primitivismo, fuente continua de su inspiración. En este sentido, un inevitable tótem -Untitled, Rescue Pole, 2006- se erige en pieza paradigmática de esta serie, de la que se observa un primer atisbo en Untitled (2011), dibujo de reminiscencias amerindias. Aunque son los senderos, tan presentes a lo largo de la muestra de Long, los que cierran la muestra con Four Paths (2003-2016), o la sospecha de que la línea recta, en el sentido moral del término, podría ser una ilusión.

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