Leonard Zelig, el hombre camaleón, cumple 25 años

  • Woody Allen sorprendió en 1983 con uno de sus mejores papeles, el de un señor que logra mimetizarse con todo

Woody Allen tiene una especial habilidad para crear personajes irrepetibles e inolvidables y, entre ellos, destaca especialmente el de Leonard Zelig, el camaleón humano cuya historia nos contó de forma brillante el director neoyorquino hace hoy 25 años.

Zelig es sin duda una magistral película, que fue muy bien recibida por la crítica -algunos la consideran el mejor trabajo de Allen- y no tanto por el público en su momento -aunque luego se convirtió en un filme de culto para los seguidores del neoyorquino-, en la que se mezcla ficción y documental para contar la historia de un personaje real en su irrealidad.

Leonard Zelig se mimetiza con las personas que se le acercan, cambia su apariencia adaptándose al medio en el que se desenvuelve, un personaje que le va como anillo al dedo a Allen, que hizo una de las interpretaciones más celebradas de su carrera como actor, por la que ganó el David de Donatello italiano y fue candidato a los Globos de Oro.

A partir de un relato de Francis Scott Fitzgerald sobre un hombre que conoció en una fiesta y que cambiaba su forma de ser en función de la gente que le rodeaba, Allen utiliza una preciosa y efectista fotografía en blanco y negro para la parte de documental (para dar así apariencia de realidad) y de color en la pura ficción para contar el desvarío en el que se convierte la vida del protagonista.

El director neoyorquino, tan conocido por sus películas como por sus neuras, monta una serie de escenas que rozan o llegan al más absoluto surrealismo, para las que utilizó novedosos efectos especiales para 1983 y en las que Zelig/Allen se reúne con personajes históricos reales.

Desde Hitler a William Randolph Hearst -el magnate que inspiró Ciudadano Kane, de Orson Welles-, pasando por la ensayista y novelista Susan Sontag, el Nobel de Literatura Saul Bellow, el aviador Charles Lindbergh, Al Capone, Charlie Chaplin, Josephine Baker, James Cagney o incluso el Papa Pío XI.

Con un comienzo más propio de los documentales que los grandes estudios de Hollywood rodaban para su autopromoción y un estilo calcado de la década de los 20, Allen realizó su trabajo más complicado al montar una película en la que una parte se rodó con las técnicas del momento (1983) y otra con las de 60 años antes.

Allen, con la ayuda del director de fotografía Gordon Willis, utilizó imágenes reales e insertó sobre ellas a los actores de su película con la técnica del fondo azul. Para mejorar el resultado usó además cámaras, lentes y objetivos de los años 20 en los que se desarrollaba la acción e incluso dañó los fotogramas en su afán de hacerlos parecer antiguos.

Técnica que Robert Zemeckis repitió años después, con excelentes resultados populares, en Forrest Gump, donde el protagonista se reúne con John F. Kennedy o John Lennon.

Tras su estreno el 15 de julio de 1983, Zelig recibió fantásticas críticas, que la calificaron de "pura magia" (Newsweek) o "absurda y fascinante al mismo tiempo" (www.filmcritic.com) y el propio Woody Allen la incluye entre sus mejores trabajos, junto a las películas Maridos y mujeres y La rosa púrpura del Cairo.

Especialmente positiva fue la crítica de The New York Times, que afirmó cuando apareció que Zelig era tan importante para la carrera de Allen como Berlin Alexanderplatz para la de Rainer Werner Fassbinder o Fanny y Alexander para la de Ingmar Bergman.

Zelig es "una obra maestra" y es una comedia de Allen con la que "todas sus otras películas serán comparadas", dijo el diario, que agregó que no sólo es "impagablemente divertida sino también, en ocasiones, muy conmovedora".

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