Málaga se rinde al clasicismo pop de Elton John

  • El cantante, pianista y compositor británico volvió anoche a Málaga una década después para demostrar que los éxitos que ya le hicieron grande en los setenta siguen muy vigentes hoy

Hacía una década que Elton John no pisaba Málaga, desde aquel concierto en el Hipódromo de Mijas (no exento de incidencias, como la premura en su arranque o el cabreo que el sir se pilló con los fotógrafos). En esta ocasión, la cita con el británico y la banda que le acompaña -la gira, una suerte de continuación de la que celebraba los 40 años de Goodbye Yellow Brick Road, está plagada de temazos de los setenta- es de fecha única en Andalucía: anoche acudieron algo más de 7.000 almas a ver al hombre del piano (con tu permiso, Billy Joel). Live Nation y Musiserv son las productoras que han unido fuerzas para traer a John al Palacio de los Deportes Martín Carpena; con el consabido deleite de sus seguidores sureños, menos excesivos con los móviles que otros públicos (se notaba la media de edad, tirando a mediana). Málaga fue anoche, de hecho, la primera parada española del artista, que venía de Italia y pasará por Gijón y Madrid, el viernes 17 y el lunes 20 de julio, respectivamente. El británico se vistió de clásico, como viene siendo habitual en sus últimos shows, y arrancó con The Bitch Is Back (de su álbum del 74, Caribou).

Hubo delirio del respetable con el solo al piano de Levon (y con Candle in the Wind, of course); después, otro momentazo para Tiny Dancer, dedicada a Maxine Feibelman, primera mujer de Taupin (la que solía bailar junto al escenario). Bill Janovitz -músico y espléndido escritor, también- dijo que Your Song (highlight coreado de la noche, junto con Rocket Man) representaba, al fin y al cabo, "la conciencia de una canción escrita como un regalo para un ser querido". Dado su extraordinario éxito (ingresó en el Top Ten en 1971, y ya nunca abandonó las parrillas radiofónicas), lo cierto es que resultó ser un regalo para sus autores, Elton John y Bernie Taupin. John y Taupin han formado uno de los tándems creativos más inspirados en la historia de la música popular: el uno, aportando su instinto pop, mezclado con géneros claves en su música (como el country, el soul, el folk, el jazz y el R&B); el otro, escribiendo letras que se ajustaban como un guante a la musicalidad ecléctica del primero.

Las maneras que se gasta Elton John en el escenario son de estrella: las que se puede permitir alguien que, junto a Taupin, ha sido capaz de alumbrar un gospel blanco de la categoría de Don't Let the Sun Go Down on Me. Se le veía a gusto, incluso con esas licencias nostálgicas en visuales que hacen honor a su estilo, tan kitsch. En un espectáculo muy medido que iba de maravillas como Burn Down the Mission -del muy recomendable y vaquero Tumbleweed Connection-, a guiños a los ochenta como I Guess That's Why They Call It the Blues o Sad Songs, soft pop animadísimo que puso en pie al personal.

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