Mayéutica y alcohol

Un escritor aficionado al mezcal busca una buena historia. Un personaje salido de cualquier sitio, náufrago ahogado por el vacío pero lleno de secretos, se presenta como la oportunidad perfecta. Miguel Sandín emplea el diálogo como estructura narrativa esencial en este cruce de historias, quizá previsible pero valioso en su pretendida condición de terapia. La aplicación directa del registro cinematográfico a la novela, cual guión, permite abrir cauces distintos a la narración, bien escrita, para alivio del lector exigente. Lo peor es el tono demasiado macho. Ay, México lindo...

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