Medio sigloa la luz

  • El Museo Picasso Málaga reúne en la exposición temporal 'De lo humano' una colección de fotografías realizadas entre 1902 y 1960 por artistas emblemáticos de este tiempo

El problema es el hombre. No podía ser de otra forma. Lo fue para Picasso, para la mayor parte de los artistas que se han dignado llamarse de esta manera y también para la fotografía, que buscó su condición y expresividad estética a lo largo del pasado siglo contra viento y marea. Quizá, precisamente por aquello del miedo de muchos a quedarse sin alma tras ser cazado en una instantánea, sea el arte fotográfico el que mejor se ha acercado al misterio de esta especie. El Museo Picasso Málaga encierra estos días una buena oportunidad para comprobarlo mediante su nueva muestra temporal: la exposición De lo humano. Fotografía internacional 1900-1950 reúne 111 instantáneas realizadas en la primera mitad del pasado siglo (concretamente entre 1902 y 1960) por 68 creadores imprescindibles, entre los que se cuentan Man Ray, Cartier-Bresson, Cecil Beaton, Brassaï, Claude Cahun, Alexander Rotchenko, August Sander, Edward Steichen, André Kertész, László Moholy-Nagy, Irving Penn, Joan Colom y Nicolás de Lekuona, con el hombre como motivo esencial.

La muestra, que se inauguró ayer en la pinacoteca malagueña (en un acto que contó con la presencia de la consejera de Cultura, Rosa Torres, y Christine y Bernard Ruiz-Picasso) y que podrá visitarse hasta el 25 de mayo, está integrada, en su mayoría, por instantáneas procedentes del Museo Folkwang de Essen (Alemania), cuya directora del Departamento de Fotografía, Ute Eskildsen, ha ejercido de comisaria en esta exposición especial. Los trabajos (procedentes también de otras quince instituciones, como la Fundación Cartier-Bresson de París, el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, el Museo Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y el Victoria and Albert Museum de Londres) han sido reunidos por primera vez en su totalidad para la ocasión, que , según explicó ayer Torres, supone la primera parte de un gran proyecto que tendrá su continuación en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en Sevilla: a partir de junio, este espacio acogerá una propuesta similar dedicada a la segunda mitad del siglo XX, a la que se desplazarán veinte imágenes de las presentadas ahora en el Picasso.

De lo humano es la primera de las tres muestras temporales que el museo acogerá durante este año, ninguna de las cuales, según ya adelantó su director, Bernardo Laniado-Romero, estará dedicada al genio malagueño. No obstante, su primera mentora, Christine Ruiz-Picasso, subrayó ayer la oportunidad del evento y recordó que el mismo autor del Guernica "compró una buena cámara fotográfica muy pronto: ya en 1907 tomó instantáneas de su trabajo para Las señoritas de Aviñón y siempre se fotografiaba en el estudio, en plena tarea, para dar cuenta también de su evolución creadora". Esta atracción, sin embargo, no impidió que Picasso "sintiera cierta inquietud ante el impulso que la nueva expresión artística estaba cobrando en su tiempo, como si aquello fuera a terminar con la pintura, pero a la vez le movió a indagar con más profundidad en sus materiales".

Por su parte, Laniado-Romero apuntó que ante la nueva exposición "son muchas las preguntas que nos podemos hacer: ¿Quiénes somos? ¿Qué imagen damos de nosotros mismos? ¿Cómo queremos ser vistos?" En su opinión, "el ser humano ha sido un motivo central para los fotógrafos ya desde el siglo XIX, por lo que esta muestra está dedicada a lo humano en su más amplio sentido, con una perspectiva también histórica y así se la ofrecemos a nuestro público".

El paisaje humano que se extiende en la sala del Museo Picasso es vasto y diverso, como el medio siglo que recoge. Más allá de la admirable perdurabilidad de las primitivas técnicas empleadas, De lo humano permite descubrir a personajes emblemáticos y sus enigmas (C. K. Chesterton, Mark Twain, Peter Lorre y un Charles Chaplin demoníaco para la eternidad) y a otros reflejos anónimos cargados de historias, como las prostitutas del Barrio Chino de Barcelona en el ojo de Joan Colom, las clases pudientes de Erich Salomon, los freaks de Lisette Model, las estampas españolas y los héroes proletarios de Cartier-Bresson, los personajes que se mueven entre lo cotidiano y lo litúrgico en Brassaï, los horrores de la Segunda Guerra Mundial en la mirada de un niño trazada por la de Lee Miller y la cotidianidad del metro que imprime Walker Evans. Junto a ellos, o frente a ellos, otras entidades imposibles, fragmentadas y fantasmagóricas, llegan de la mano de los surrealistas: ahí están las sombras de Man Ray, los sandwiches (con negativos superpuestos) de Biermann y Klucis, los montajes de Moholy-Nagy, la soledad y el terror de Herber Bayer y la maquinización de Lissitzky. Tal y como explicó ayer la comisaria, Ute Eskildsen, De lo humano rebasa con creces "el sentido decimonónico del retrato para capturar la personalidad de maneras muy abiertas, a veces mediante fragmentos del rostro y de cuerpo, otras con primerísimos planos y otras con el registro documental que muchos artistas decidieron recuperar en la posguerra". La cámara fue la gran aliada del siglo XX hasta el final: éstos son sus frutos.

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