Memorias de un coleccionista atípico

Incombustible, Mario Benedetti vuelve a aparecer por las esquinas de las librerías para hacer las delicias de los suyos. Por eso, merece la pena incluir aquí un aviso y recomendar la lectura de este Vivir adrede a los ya iniciados en la obra de Benedetti, más aún a quienes le aman por encima de consideraciones estéticas y políticas. Éstos encontrarán una colección, a modo de diario o de memorias, de vidas en el más amplio uso del término. Benedetti mira, se sitúa y busca posiciones en las esencias de quienes aman y matan, de quienes creen en Dios y apostatan, de quienes condenan y liberan, de quienes ajustician y mueren, sin más interés que el de dejar constancia, como si quisiera construir un corazón a modo de imposible collage. La poética de Benedetti resiste y se resuelve en la sencillez habitual: ya sabíamos que el uruguayo terminaría escribiendo Las florecillas de San Francisco. Y qué. Insistimos: abstenerse neófitos. Quien se atreva, mejor comience por Despistes y franquezas.

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