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Los Mercenarios

  • Sylvester Stallone reverdece sus laureles con esta cinta donde recupera la filosofía de los filmes de acción de los años 80, con compañías que incluyen a viejas glorias del género

Los 80 están de moda, y no solo por los continuos revivals musicales, con la necrofilia jacksoniana en cabeza. Un vistazo a la cartelera veraniega demuestra que el cine actual se inspira en aquellos años: remakes de El equipo A y Pesadilla en Elm Street, nuevas versiones que se preparan de series de la época, etc. Pero hasta ahora, se estaba usando como una mina para sacar nuevos productos. El film que se estrena hoy, Los mercenarios, llega más lejos: Una vieja gloria de la década ochentera ofrece sin tapujos un autohomenaje y una reivindicación. El autohomenaje es el que se proporciona a si mismo una estrella de la época en horas bajísimas, Sylvester Stallone. La reivindicación la del cine de acción de entonces.

Los años 80, bajo el signo del reaganismo y con las turbulencias de Irak aún lejanas en el tiempo, fueron de devolver al águila americana las plumas perdidas en Vietnam. Tras unos 70 culposos, Estados Unidos volvía a ser el orgullo del mundo gracias a un viejo actor que lideraba desde la Casa Blanca lo que llamaba algo contradictoriamente una revolución conservadora. Sus viejos amigos de Hollywood captaron el mensaje y crearon una serie de películas de acción tan propias de esa década como la música tecno. La protagonizaban antiguos combatientes que al margen del sistema luchaban contra comunistas, delincuentes y terroristas con una contundencia que hacían que el viejo Harry el Sucio fuese un ejemplo de defensa de los derechos civiles. Son los años dorados de Chuck Norris, Arnold Schwarzenegger, Steven Seagal, Dolph Lundgren, Jean Claude Van Damme, y al frente de ellos, Sylvester Stallone, este hombre a quien sus profesores de arte dramático intentaron en serio que se dedicase a otra cosa y al que se le apareció la Virgen con Rocky. Su clásico Rambo, machacando comunistas en Vietnam y rusos en Afganistán (aunque aquí, con poca visión estratégica de futuro, se aliaba con los radicales islámicos) fue el líder de este género que a finales de los 90 empezó a decaer.

Y es que los tiempos estaban cambiando, y los héroes se convertían en menos monolíticos y en más complejos. El fracaso de Stallone con Pánico en el tunel y Driven lo lanzó a la periferia del sistema, mientras los demás se reciclaban como podían. Stallone tuvo que desempolvar hace unos años a sus viejos héroes con efectos tan curiosos como el visto en John Rambo, donde parecía renegar de todo lo anterior y mostrar ante su propio personaje un gran escepticismo, fruto sin duda de la frialdad de Hollywood, que lo tiró a la papelera cuando ya no servía. Pero con Los mercenarios vuelve por sus fueros, en plan "esto es lo que hay". Además de dirigir, escribir y protagonizar, ha reunido un plantel de viejas glorias del cine de acción de los 80: Lundgren, Jet Li, y otras que no lo eran tanto del género pero si de la época, como Eric Roberts o Mickey Rourke. Como heredero figura el más joven Jason Statham. Hay cameos de Bruce Willis, que se incorporó tarde el género con La jungla de cristal, y sorpresa, El propio Schwarzenegger, que ha hecho un hueco en su agenda política para aparecer en escena con su viejo rival en las taquillas. Pero algunos echarán en falta nombres. Cuentan las malas lenguas que Van Damme no aceptó al saber que tenia que perder una pelea con Jet Li. Seagal prefirió irse a trabajar en el nuevo film de Robert Rodríguez. Y Chuck Norris no se sabe exactamente por que no está.

La historia, en la que un grupo de mercenarios es contratado para derribar a un dictador sudaméricano, es lo de menos. Lo divertido para un sector del público será volver a encontrarse con héroes de una pieza y que tienen claro lo bueno y lo malo. Tras tanta ambigüedad que recorre a los protagonistas de los films de acción en los últimos años, a lo mejor hasta se agradece tanto maniqueísmo.

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