El MoMA revisa en una exposición la relación entre el jazz y el cine

  • El museo neoyorquino inauguró ayer 'Jazz Score', formada por una selección de 50 películas, cortos y una galería multimedia

La relación entre el cine y la música de jazz, y la manera en que esa novedosa convivencia cambió los dos artes desde mediados del siglo pasado hasta hoy, centran la exposición multimedia titulada Jazz Score organizada por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de la Gran Manzana. La muestra, que se abrió ayer y se puede visitar hasta el 15 de septiembre, incluye una retrospectiva internacional con una selección de 50 películas y una serie de cortos, además de una galería multimedia para escuchar conciertos.

"La introducción del jazz contemporáneo en el cine a mediados del siglo pasado llevó hasta la gran pantalla nuevas formas de sofisticación e innovación", indicaron los comisarios de la muestra, Joshua Siegel y Ronald Magliozzi. El jazz, que irrumpió en el cine en plena época de posguerra, fue hasta 1950 un elemento más del ambiente del filme, de su música incidental, a veces entre los números musicales. Con el compositor Alex North y su banda musical de la película del legendario Elia Kazan, Un tranvía llamado deseo (1951), con Marlon Brando y Vivien leigh, llegó el momento en que, según los expertos, se realiza la plena incorporación del jazz al cine. A partir de ese momento y con su componente de improvisación, el jazz se integró por completo en las películas y se convirtió en un aspecto esencial de su estructura y de su estética.

"Jazz Score celebra las novedosas colaboraciones entre directores de cine, compositores y músicos, que al experimentar con nuevas formas y técnicas, cambiaron de forma radical el jazz y el cine", señaló el MoMA, en un comunicado de prensa. La banda sonora de la película de Kazan dio paso a que toda una generación de compositores, algunos de ellos ya muy conocidos, de Elmer Bernstein a Duke Ellington, pasando por Quincy Jones o Henry Mancini, se involucraran en el cine. Los expertos del MoMA destacaron que ese elemento coincidió con la aparición del cine independiente, el que rompía lazos con el comercial y que lograba éxitos como los alcanzados por directores como John Cassavetes, con Shadows (1959) y Too late blues (1961), o Shirley Clarke, con The connection (1962) y The cool world (1964), a los que se sumaron otros muchos.

Recordaron también que Herbert Danska, en Sweet love, bitter (1968), se atrevió a incluir formas improvisadas de otras formas de jazz de posguerra como hard bop, free jazz, modal jazz y afrocubano. Pero además de en el cine estadounidense, señalaron los organizadores, "toda una generación de jóvenes directores europeos y japoneses" de 1950 y 1960, como Bernardo Bertolucci, Jean-Luc Godard, Joseph Losey, Louis Malle, Roman Polanski y Mikio Naruse, incorporaron a sus películas la música de artistas como Gato Barbieri, Miles Davis o Dizzy Gillespie. Esa colaboración ha seguido hasta en el cine actual, tal como se muestra en la retrospectiva cinematográfica que acompaña a la muestra y de la que se pueden ver ejemplos dirigidos por Clint Eastwood, Jerry Fielding, Jim Jarmusch y John Lurie.

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