La última mona

¿Multitud o muchedumbre?

  • Teté Álvarez propone sus 'Apropiaciones' en Javier Marín. La memoria de la España más proteica desde su arte gráfico en el Rectorado María Cañas, o el amor ya no es lo que era.

ANTONIO García-Trevijano, pensador político inexplicablemente apartado del foro televisivo actual (más foco que foro, desde luego), es sin embargo muy activo en la Red. Siguiendo al historiador griego Polibio -del siglo II a. C.-, García-Trevijano hace pedagogía para diferenciar entre multitud y muchedumbre: la primera está formada por individuos distintos, e implica una pluralidad de opiniones; mientras que la segunda es la masa incívica y grosera, la promotora del poder vandálico. Evidentemente, es preferible formar parte de una multitud cívica, política en el sentido aristotélico del término, con la finalidad de regenerar todo lo regenerable, que es mucho. Esa multitud integrada por individuos, contrastada con el turismo de masas, vigilada por las elites del poder (o expuesta digital y voluntariamente a éste), autodiseminada en la red, espectadora como preconizara Guy Debord en 1967… Se encuentra en parte retratada en Desplazamientos, la exposición con la que la Galería JM (calle Duquesa de Parcent, 12) muestra el trabajo de Teté Álvarez (Cádiz, 1964) hasta el 21 de marzo próximo. Un proyecto visual y apropiacionista que surfea en las olas procelosas de internet para dotar de significados distintos a miradas ajenas: ya sea desde el homo photograficus -en palabras de Joan Fontcuberta-, corporaciones como Google, o gabinetes de prensa gubernamentales. La multitud de emisores se ha ampliado: un periodista, así, ya no es aquel "usuario privilegiado de la información" de antaño. Ahora, la emisión de contenidos es multitud y muchedumbre al mismo tiempo, y se hace más necesario que nunca filtrar estos flujos incontenibles de información. Si es que se quiere saber, aprehender y comprender algo.

En la serie Apropiaciones, Teté Álvarez licua la representación global, y de paso reflexiona sobre cómo un espacio público es contenedor de múltiples acontecimientos y significados: turismo take away, monumentos al poderío del Estado y lugares para la reivindicación colectiva. Que puede ser tan original como la manifestación incorpórea de las zapatillas vacías frente al Capitolio (que simbolizaba, en los noventa, las muertes por arma de fuego en Estados Unidos). O tan de nuestros tiempos, como la indignación griega en la plaza Sintagma: el artista superpone, a la imagen de los manifestantes, un plantel de misses que sostienen un lema irónico (Greek tourism is not in crisis) ante el desastre heleno. Otras superposiciones de fotografías nos conducen a Londres, al Reichstag berlinés y a una torre Eiffel donde posa ese ideal de pareja intercultural en peligro -a los atentados recientes en Europa se suma una alarmante aliyah, o emigración judía hacia Israel desde Francia-. La fachada norte de la Casa Blanca (Apropiaciones #6, 2014), por otra parte, es un paisaje del que emergen, umbríos y dependientes de cada mirada, los presos de Guantánamo o los condenados a muerte por el totalitarismo religioso del IS. La mirada de la multitud es así: plural, distinta. Así, la preocupación política del artista baja hasta la planta subterránea de la galería, iluminada con unas cajas de luz, las de la serie Atrezzo (2014). En ellas, Álvarez extrae fragmentos procedentes de encuentros y reuniones bilaterales y multilaterales donde la escenificación del poder cuenta con sus accesorios ambientales (mobiliario y tentempié); se intuye la presencia humana de los mandamases públicos -los visibles-. Otra de las piezas incluidas en la muestra es Infinity Tour (2013) o la documentación precisa del turismo masificado y cronometrado, el de la comodidad del bus turístico frente al paseo donde se sortean incidencias.

La búsqueda de sentido, en esta era post-fotográfica, depende de un algoritmo informático: queda patente en Buscando sentido (2014), pieza en la que Teté Álvarez compone un diaporama caprichoso, producto del motor de búsqueda que monopoliza las búsquedas diarias. Motor digital del que dependemos para arrastrarnos hasta otras partes del mundo, merced a esa maravilla de la programación que es Google Earth. Herramienta que permite al apropiacionista repasar escenarios de magnicidios consumados o abortados -en los dípticos de Location shotting, 2014-, como los de JFK o Reagan. Sean o no oportunidades para hacer historia o mercadear con la historia, está en manos del individuo poner límites a lo mercadeable o espectacularizable. Ensayo para una multitud (2014), ese extenso rollo fotográfico de retratos de grupo (que arranca o termina, según se mire, con la foto de una chica en solitario) lo manifiesta: mantener esta unicidad, entre la multitud, es una tarea titánica. Aunque siempre será mejor que ahogarse entre la muchedumbre.

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