El Museo de Casas de Muñecas de Málaga cumple cinco años

  • Voria Harras dirige el centro y restaura ella misma las piezas que se exponen

Fieles reproducciones a tamaño reducido de una casa colonial del siglo XIX o de un cortijo andaluz de mediados del XX pueden visitarse en un particular museo malagueño donde las viviendas están habitadas por muñecas, que junto a casi un millar de juguetes forman una colección de objetos de diversos orígenes.

Recopiladas durante estos años por Voria Harras, las casas de muñecas del museo se caracterizan por ser de diferentes estilos que viajan entre el cubismo, el art deco o el art nouveau de réplicas de viviendas andaluzas, suramericanas, británicas, austríacas, francesas, alemanas o estadounidenses.

Entre ellas, destaca una malagueña construida en 1896 en la zona de Monte Sancha, una pequeña versión del palacio cordobés de Villa Dolores o la última casona que está restaurando, procedente de Cádiz, y que realmente podría pasar por una vivienda a tamaño natural.

"Los visitantes la confunden con casas coloniales de La Habana", explicó la dueña de la exposición, ya que "tenían el mismo estilo arquitectónico que las viviendas españolas al ser Cuba una colonia", y ha asegurado que cuando termine de restaurarla "será una pieza más del museo".

Además de las casas, se muestran una cantidad de juguetes que podrían superar los mil, según la coleccionista, y entre los que se encuentra una guitarra del siglo XVIII en carey y marfil, una cítara, un piano de los años 20, relojes de pulsera de lata y cartón unidos con una goma e, incluso, un tanque alemán de 1957.

Voria indicó que una de las piezas a las que tiene más afecto es una casa que compró a un anticuario inglés, que se parecía mucho a una expuesta en un museo de juguetes londinense, y que finalmente era la misma que ella tanto añoraba. "Cada vivienda encierra una historia", comentó, y según Voria, muchas de las personas que han entrado a la exposición "han salido emocionadas" y algunas de ellas "lloraban".

Ella restaura "para darle otros cien años de vida a los edificios" y a fin de que las próximas generaciones "puedan disfrutar" de la vida que se encierra en cada una de las miniaturas -aunque algunas pueden llegar a medir metro y medio de alto-, en las que están perfectamente representadas todas las habitaciones típicas de las viviendas.

En el cortijo andaluz el visitante puede observar el patio-entrada con asientos de respaldos con azulejos, un pozo artesano o una chimenea exterior de piedra caliza; mientras que en las casas imperiales se aprecia la escalera de mármol principal, el salón de tintes decimonónicos o las habitaciones que parecen sacadas de un retrato de principios de siglo pasado.

Desde que el museo de casas de muñecas abrió al público, hace cinco años, la gente que asiste al mismo lo hace impulsada por el método "del boca a boca", y puede así visitar las 60 casas que acoge el edificio del siglo XVIII donde se ubica, restaurado por la propia Voria.

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