Nuevos aires navideños

La velada se hacía prometedora aunque me presenté con mi disfraz de escéptico. Eso sí, el concierto llevaba todas mis bendiciones por el solo hecho de contar con un programa de música barroca, algo casi insólito dentro de las últimas temporadas de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Pero francamente la grata sorpresa fue mi máxima personal de la noche. Por ello, el sexto concierto de la presente temporada contó, no sólo con un regalo navideño de calidad (bravo por la iniciativa de regalar la reciente grabación de obras de Lehmberg de manos de los maestros de la OFM), sino por la emocionante primera parte vivida.

Dejando de un lado los empecinamientos de la interpretación con instrumentos de épocas, el resultado sonoro del Concerto grosso op. 6 nº 8 'Fatto per la notte di natale' dejó una estela de soberbia maestría en cuanto a la dinámica general de la partitura. Se comprende cuando el trío de solistas Sestakova, Paniouskin y Mahrenholz se dejaron guiar por la batuta clara, precisa y de exquisito criterio de Schellenberger, siendo relevante el tercer tiempo. Su apuesta por un justo número de efectivos orquestales de cuerda posibilitó un equilibrio sonoro ideal en el que el clavicémbalo también participó aportando su especial colorido. Ni que decir tiene que la sublimación llegó con la intervención del director alemán en calidad de solista. El Concierto para oboe y orquesta de cuerda en re menor de Marcello fue todo un regalo para nuestros oídos. Su conjunción en tres partes (y no en dos como señala la errata del programa), estuvo marcada por un Adagio de sobresaliente calidad. Fue impresionante ver como el alemán comunicó su afectación ante la partitura llegando a emocionar a más de un presente. En igualdad de mérito, su bis sobre Pan, primera pieza de las Seis Metamorfósis de Ovidio de Britten, fue plena y brillante.

La aportación del Coro de Ópera en la celebración de su XX aniversario no quedó indiferente. Su interpretación de la Misa de Gloria de Puccini impregnó de energía el ambiente en el Gloria, con el Qui tollis peccata mundi en cabeza, y pintó belleza en el Agnus Dei. Finalmente, el tenor Francisco Corujo hizo lo propio en Et incarnatus est y Damián del Castillo mostró su soberbia evolución en Crucifixus. La mención en forma de placa y el tradicional Noche de Paz nos felicitaron las fiestas.

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