Música clásica

Entre Orfeo y Messiaen

  • Si 2007 fue el año del 'Orfeo' de Monteverdi, en 2008 el centenario del nacimiento de Olivier Messiaen se presenta como gran catalizador de iniciativas

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Para la industria del disco, el año 2007 terminó en España con apocalípticos mensajes cruzados a cuenta del canon digital: de un lado (SGAE y asociados), los que dicen que sin canon el país conocería una catástrofe artística de consecuencias devastadoras; del otro (asociación de internautas y amigos), los que afirman que el canon pone en peligro las economías familiares, el desarrollo tecnológico y hasta la justicia...

La cuestión es desde luego compleja, y tiene más zonas de grises de lo que las dos partes reconocen delante de los micrófonos. Los derechos de propiedad intelectual fueron implantados de forma relativamente reciente, pero razonable, lo cual no significa que sean la garantía de la producción artística, pues resulta obvio que ésta existe desde que el hombre es hombre, y ha ido siempre adaptándose a los sistemas de valores imperantes en cada tiempo y lugar. Parece también obvio que la aparición de una tecnología revolucionaria (disruptiva, la llaman los entendidos) está impulsando un sistema de valores (de relaciones entre autores y consumidores) por completo diferente, ante el que los creadores (y, sobre todo, la industria que los rodea) deberán adaptarse sin remedio. Lo contrario no sólo es absurdo o poco realista, sino sencillamente imposible. La gente va a seguir usando la técnica que le permite acceder de forma casi inmediata y a un coste muy reducido a la producción universal de objetos culturales reproducibles.

La tan cacareada crisis afecta pues básicamente, y de forma desigual, a la industria de la reproducción, pero ¿y la música en sí? Bien, gracias. Jamás ha existido más variedad, jamás se ha escuchado tanta música, jamás ha habido, entrando en el terreno de la reproducción, una oferta discográfica tan amplia, y me estoy refiriendo ya al sector (industrialmente minoritario) de la llamada música clásica. Cierto que las grandes multinacionales llevan años dando señales de agotamiento, pero también hay signos que muestran voluntad de renovación (como el portal de descargas que en noviembre presentó Deutsche Grammophon), y los sellos pequeños e independientes (creados a veces por los propios intérpretes, un modelo en plena expansión) no cesan de crecer.

Los aficionados se quejan a menudo de problemas de distribución. Cada vez es más difícil encontrar tiendas donde exista un fondo de catálogo de música clásica digno de tal nombre. Cierto. Pero aquí, como en todo lo demás, la fuerza de internet parece imparable. No hay disco de cualquier catálogo internacional que no pueda hallarse en la inmensidad de la web. Es más, incluso los productos descatalogados son accesibles para el que sepa buscar a través de una red tupida y en permanente renovación de productos de segunda mano. El placer de recorrer interminables estanterías de CD perfectamente ordenadas se ha perdido, y muchos lo sentimos, pero la realidad es que comprar discos resulta hoy más fácil que nunca.

Desde el punto de vista estrictamente musical, 2007 fue el año del Orfeo, la ópera de Monteverdi que inauguró toda una época de la historia y que cumplía justo 400 años. Las celebraciones en su torno fueron variadas, aunque discográficamente la cosecha resultó a la postre menos rica de lo esperado: las grabaciones de Claudio Cavina (Glossa) y Rinaldo Alessandrini (Naïve) se contaron entre lo más lucido, aunque también conviene destacar la edición en DVD de la producción de Trisha Brown y René Jacobs para La Monnaie (Harmonia Mundi) o la recuperación de la trilogía monteverdiana de Jean-Pierre Ponnelle y Nikolaus Harnoncourt para la Ópera de Zúrich (Deutsche Grammophon).

Otras efemérides recordadas en 2007 fueron las de las muertes de Buxtehude (1707), con la puesta en marcha de una integral a cuenta de Tom Koopman (Challenge), la recuperación de las grabaciones del sello danés Dacapo por parte de Naxos y otros registros aislados; Domenico Scarlatti (1757), que trajo, entre otras grabaciones sueltas (Pierre Hantaï en Mirare, Skip Sempé en Paradizo, Ewald Demayere en Accent...), la culminación del registro de las 555 sonatas catalogadas por Kirkpatrick por parte de Pieter-Jan Bielder en el sello supereconómico Brilliant; y Jean Sibelius (1957), con edición especial que le dedica el sello noruego Bis. También se recordaron en 2007 las muertes de dos cantantes legendarios: Maria Callas (1977, reediciones especiales de EMI) y Mario del Monaco (1982, con un lanzamiento de última hora del sello Decca), y la desaparición de Luciano Pavarotti trajo la reactivación de lo más comercial de su amplísimo catálogo.

En el año recién cerrado se presentó también el último proyecto de sonatas beethovenianas de Daniel Barenboim en DVD (EMI), junto a sus clases magistrales en Chicago (incluida la participación del onubense Javier Perianes), siguió adelante con estupenda salud una de las ediciones más importantes del momento (y de la historia), la Edición Vivaldi (Naïve), la Haendelmanía continuó su arrollador curso, con apariciones de nuevas óperas, oratorios y recitales variados, y los cantantes más famosos presentaron sus últimos registros, con algunas referencias ineludibles: Magdalena Kozená (Archiv), Cecilia Bartoli (Decca), Juan Diego Flórez (Decca), Ian Bostrdige (EMI), Philippe Jaroussky (Virgin), Anna Netrebko y Rolando Villazón (Deutsche Grammophon), Elina Garanca (DG), junto a la presentación de las jóvenes y prometedoras Danielle de Niese y Nicole Cabell (ambas en Decca).

Las incógnitas sobre el futuro de la producción y la distribución discográficas no se resolverán del todo en 2008, aunque es muy posible que el formato CD dé otro paso atrás en favor de las descargas on-line. Las grabaciones se han convertido ya para los intérpretes clásicos en un medio de promoción antes que en una forma de negocio, y este proceso no parece que vaya a invertirse. La inmensa mayoría de los músicos hace tiempo que ganan dinero con los conciertos, pero si no graban discos (o lo que sea que los sustituya) no son conocidos, y si no son conocidos no dan conciertos, un círculo vicioso al que resulta imposible sustraerse, y que ha derivado en el recurso cada vez más frecuente a la autoproducción. Lo lógico es que esta forma de edición discográfica crezca significativamente en España.

Desde el punto de vista estrictamente musical, en 2008 se celebran algunas efemérides muy significativas que deberán afectar tanto a las programaciones de teatros y conjuntos diversos como a la fonografía: se cumplen los cien años del nacimiento del francés Olivier Messiaen, uno de los compositores claves de todo el siglo XX, y del neoyorquino Elliot Carter, quien aún vive, y los 150 del de Giacomo Puccini. 1808 será sin duda un año también recordado en España (por las implicaciones que la Guerra de la Independencia tuvo sobre nuestra cultura y nuestra sociedad), pero para el mundo de la música será principalmente el año en que Beethoven presentó sus Sinfonías 5ª y , dos monumentos dignos de suceder al Orfeo de Monteverdi como gran símbolo sonoro del año en curso.

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