Psicogeografías en residencia

Quiero destruir transeúntes" era uno de esos eslóganes tan del gusto de los situacionistas que marcaron a fuego su ideario, críptico y a su vez contundente. Una manera de estar en el mundo que Guy Debord proclamó en el que sería su ismo, manejado con férrea mano: la Internationale Situationniste apenas estaba formada por un grupo de personas, y las purgas de Debord podían haber terminado en un "sólo puede quedar uno" digno de Los Inmortales. Sin embargo, el rollo situ (cuyo documento fundacional data de 1957) no solamente pasó por la sanción cultural correspondiente -con sus reticencias- sino que sobrevivió al siglo pasado y sirve de presupuesto teórico para artistas que desean ver la belleza debordiana como "situación, provisional y vivida". Especialmente vivida a modo de, he aquí la paradoja, transeúntes (al fin y al cabo, se trata de sujetos que están de paso: es lo que dice la definición de la palabra). Un transeúnte que se desplaza psicogeográficamente de un país a otro, que experimenta estancias en residencias con el objetivo de crear. Claro está que, tratándose de espacios alejados de lo cotidiano, el artista se ve en la situación ideal para dejarse llevar, quedando a la deriva (la dérive del letrismo, precedente del situacionismo, con la que se pretendía reemplazar el trabajo y el ocio, incluso la ideología alienante; la idea era que los individuos dejasen de ser cretinos para ser autónomos). Así nos encontramos con el punto de partida de Artistas en residencia. Viaje entre el programa y la deriva, una mini colectiva que se expone en la galería Isabel Hurley (Paseo de Reding, 39) hasta el 31 de julio. Tres son los participantes en la muestra: Irene de Andrés (Ibiza, 1986), Javier Artero (Melilla, 1989) y Andrea García Vázquez (Nueva Jersey, 1992).

El planteamiento de la exposición surge alrededor de ese viaje que es programático -está sujeto a una finalidad- pero no debe abandonar la sana intención poética propia de la dérive. Irene de Andrés aún no ha iniciado su ruta, pero avanza un proyecto (El Segundo Viaje, 2015) que deja rastros previos de lo que será su estancia en Beta Local (San Juan, Puerto Rico). Se inspira en los folletos que invitan al turismo inactivo por antonomasia: el de los cruceros vendibles a través de imágenes que pueden verse en su pieza visual. Convierte la publicity crucerista en soporte de una obra que remite al pasado colonial de estos destinos, en los que la biodiversidad puertorriqueña, por ejemplo, contrasta con la diversificación grosera del consumo en ciudades flotantes. Un buque militar transita, fantasmal, en costas de un azul que entumece los sentidos; Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, escribió Foster Wallace en 1997, ante la imposibilidad de tragarse una película edénica que no es más que eso. Una película. La distopía de Irene aparece incompleta, a falta de un completo desarrollo de la obra; disfrutamos, eso sí, de un buen borrador. El Periplo (proyecto que Javier Artero trabaja este año como artista becado residente en la Facultad de Bellas Artes, UMA) resulta harto contundente, ya no tanto por las dimensiones que ocupan su serie de retratos -se agradece, dados los huecos existentes en las salas-, sino por lo sugerente de su propuesta. Fotografías de la serie The Viewers (2015) que componen un mural donde los retratados dan la espalda al espectador; y no conformes con eso, deniegan también la vista de la que disfrutan. El creador, por otro lado, nos coloca ante el falso estatismo de las personas grabadas en la pieza de vídeo, donde la contemplación del horizonte sí es compartida por todos. Pero el ensimismamiento corresponde con los distintos grupos de personas que comparten un lugar tan diáfano como cegador, un desierto artificial de solería; realiza, al tiempo, un retrato social de nuestro tiempo, en lo que pensamos que son distintas asociaciones: parejas, familias convencionales y disfuncionales, versos sueltos, solitarios militantes… Tercera en concordia, Andrea García Vázquez fija en Dreamscapes (2015) -proyecto en marcha, gestado durante su estancia en LIA (Leipzig International Art Programme)- esta transitoriedad del movimiento provisional en dibujos sobre papel. Utiliza tinta sumi y acuarela para romper la perspectiva y mostrar sitios encontrados entre lo real y lo surreal: siluetas de ciudades y estancias, greens en blanco y negro, con alguna licencia ufológica y humorística (Unidentified feelings, 2015) incluso. Siguiendo una línea argumental onírica que rompe con dos cálidas e interesantes telas en las que tira de bordado y pintura (View from a balcony, 2015).

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